Capítulo 22

El Pacto Eterno: las promesas de Dios
Las promesas a Israel

The Present Truth, 1 octubre, 1896


Cántico de liberación

"Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este cántico a Jehová:

Cantaré yo a Jehová, porque se ha cubierto de gloria; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Ha sido mi salvación. Este es mi Dios, a quien yo alabaré; el Dios de mi Padre, a quien yo enalteceré. Jehová es un guerrero. ¡Jehová es su nombre! Echó en el mar los carros del faraón y su ejército. Lo mejor de sus capitanes en el Mar Rojo se hundió. Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra. Tu diestra, Jehová, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehová, ha aplastado al enemigo. Con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira y los consumió como a hojarasca. Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas, se juntaron las corrientes como en un montón, los abismos se cuajaron en medio del mar. El enemigo dijo: ‘Perseguiré, apresaré, repartiré despojos; mi alma se saciará de ellos. Sacaré mi espada; los destruirá mi mano’. Soplaste con tu viento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? Extendiste tu diestra; la tierra los tragó. Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste. Lo llevaste con tu poder a tu santa morada. Lo oirán los pueblos y temblarán. El dolor se apoderará de la tierra de los filisteos. Entonces los caudillos de Edom se turbarán, a los valientes de Moab los asaltará temblor, se acobardarán todos los habitantes de Canaán. ¡Que caiga sobre ellos temblor y espanto! Ante la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste. Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehová, tu morada, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado. ¡Jehová reinará eternamente y para siempre!" (Éx. 15:1-18).

Y veamos ahora la instrucción, el ánimo y la esperanza que nos da ese cántico.

1. El poder por el que resultó dividido el Mar Rojo, permitiendo que el pueblo lo atravesara a salvo, era el mismo poder que evitaría el ataque de sus enemigos. Relaciona Éx. 15:14-16 con Josué 2:9-11. Si hubieran avanzado en la fe que tuvieron en el momento de su liberación, no hubiese sido necesaria batalla alguna. Ningún enemigo se habría atrevido a atacarlos. Podemos ahora comprender por qué el Señor los condujo de la forma en que lo hizo. Mediante un acto final de liberación había dispuesto enseñarles a no temer nunca más al hombre.

2. En ese mismo poder tenían que dar a conocer el nombre del Señor –predicar el evangelio del reino- en toda la tierra, como preparación para el fin. Esa era una obra que debían realizar antes de que la promesa pudiera ser plenamente cumplida. Si hubieran guardado la fe, no habría tomado mucho tiempo la consumación de la obra.

3. El objetivo de su liberación era que fuesen establecidos en el monte de la heredad del Señor –una tierra de su propiedad, en donde pudieran morar por siempre y de forma segura. Eso no se había cumplido en los días del rey David, ni siquiera cuando su reino estuvo en el apogeo, ya que fue cuando tuvo reposo de sus enemigos y propuso edificar un templo al Señor, que se le dijo: "Yo fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré allí, para que habite en él y nunca más sea removido, ni los inicuos lo aflijan más, como antes" (2 Sam. 7:10). Compáralo con Luc. 1:67-75.

4. El plan de Dios al librar a Israel de Egipto fue enunciado en las palabras: "Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehová, tu morada, en el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado". Ningún ser humano puede construir una morada para el Señor, puesto que "el Altísimo no mora en templos hechos de mano" (Hech. 7:48). "Jehová tiene en el cielo su trono" (Sal. 11:4). El verdadero santuario, la auténtica morada de Dios "que levantó el Señor y no el hombre" (Heb. 8:1 y 2), está en el cielo, en el monte de Sión. Eso armoniza con la promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob, promesa que los llevó a considerarse extranjeros en esta tierra, y a esperar un país celestial, "la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (Heb. 11:10). Esa esperanza por tanto tiempo anhelada, estaba ahora a punto de hallar su cumplimiento, y se habría cumplido con celeridad si los hijos de Israel hubieran guardado la fe expresada en su cántico.

5. La liberación de Israel de Egipto y el paso del Mar Rojo proveen ánimo al pueblo de Dios en los últimos días del evangelio, cuando sea manifestada la salvación del Señor. Estas son las palabras que el Señor enseña a su pueblo a que pronuncie:

"¡Despiértate, despiértate, vístete de poder, brazo de Jehová! ¡Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados! ¿No eres tú el que despedazó a Rahab, el que hirió al dragón? ¿No eres tú el que hirió el mar, las aguas del gran abismo, el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos? Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas. Tendrán gozo y alegría, y huirán el dolor y el gemido" (Isa. 51:9-11).

Si los israelitas de antiguo hubieran continuado cantando, y no hubieran comenzado a murmurar, habrían alcanzado rápidamente Sión, la ciudad cuyo constructor y arquitecto es Dios.

6. Cuando los redimidos del Señor moren por fin en el monte Sión, teniendo las arpas de Dios, "cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: ‘Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, Señor, y glorificará tu nombre?, pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado’" (Apoc. 15:3 y 4). Se trata de un cántico de liberación, de un cántico de victoria.

7. De igual forma en que los hijos de Israel entonaban el cántico de victoria en la orilla del Mar Rojo, antes de haber alcanzado la tierra prometida, así también los hijos de Dios en los últimos días cantarán el cántico de victoria antes de haber alcanzado la Canaán celestial. He aquí el cántico. Cuando lo leas, compáralo con la parte inicial del cántico de Moisés en el Mar Rojo. Hemos visto ya que cuando el Señor dispone su mano por segunda vez para rescatar al remanente de su pueblo, "habrá camino para el resto de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto" (Isa. 11:16).

"En aquel día dirás: ‘Cantaré a ti, Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó y me has consolado. He aquí, Dios es mi salvación; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es Jah, Jehová, quien ha sido salvación para mí’. Sacaréis con gozo agua de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: ‘Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, moradora de Sión; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel’" (Isa. 12).

Es el cántico con el que los redimidos del Señor han de entrar en Sión. Es un cántico de victoria, pero lo pueden cantar ahora, ya que "esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:4). Sólo compartiremos la salvación del Señor en la medida en que la proclamemos. Mientras que somos conducidos a Sión, aprendemos el cántico que entonaremos al llegar allí.

 

Cuando, en escenas de gloria,
entone el cántico nuevo,
allí estará la antigua historia
que tanto he amado:
la de Jesús y el Calvario

 

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