El Pacto Eterno: las promesas de Dios

Prefacio


A la edad de 27 años, el joven médico E.J. Waggoner tuvo una experiencia que describió más tarde como el punto crucial en su vida.

Mientras se hallaba sentado en una carpa, escuchando la predicación del evangelio en una reunión campestre, repentinamente comenzó a brillar una gran luz en torno suyo, y la carpa pareció iluminarse como si el sol estuviera allí dentro. Él mismo describió así el incidente:

"Vi a Cristo crucificado por mí, y por primera vez en mi vida me fue revelado el hecho de que Dios me amaba, y que Cristo se dio personalmente por mí. Todo fue por mí". La luz que aquel día brilló sobre él, procedente de la cruz de Cristo, vino a convertirse en la guía de todo su estudio de la Biblia. Decidió dedicar el resto de su vida a descubrir el mensaje del amor de Dios hacia el pecador individual, tal como lo expone la Escritura, y a aclarar ese mensaje a otros.

Tras cerca de veinte años de estudio, Waggoner escribió: "He visto a Cristo presentado como el poder de Dios para la salvación de las personas, y eso es todo lo que he encontrado. La Biblia no fue escrita con otro propósito distinto que el de mostrar el camino de la vida. Contiene historia y biografía, pero son partes del mensaje del evangelio. No se escribió ni una sola línea que no fuera para revelar a Cristo; aquel que la lea con un propósito que no sea encontrar en ella el camino a la salvación del pecado, la lee en vano. Estudiada a la luz del Calvario, es una delicia, y asuntos que de otra manera serían oscuros, resultan claros como el mediodía...

Un tema recorre toda la Biblia: el pacto eterno de Dios. Al pie de la cruz, uno puede ver la obra del eterno propósito de Dios, que él propuso ‘en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos’. Se presenta panorámicamente la historia desde el Edén perdido hasta el Edén restaurado".

El Pacto Eterno: Las promesas de Dios’ es la culminación de años de estudio de Waggoner sobre el tema del pacto. Fue presentado primeramente en embrión, en forma de artículos semanales en una revista religiosa, y más tarde fue desarrollado en unas conferencias dadas a una asamblea ministerial, en el otoño del año 1888. En la primavera de 1890 tuvieron lugar unos encuentros ministeriales para tratar específicamente el tema de los pactos, lo que llevó a Waggoner a escribir el manuscrito que fue precursor de este libro.

Al poco de llegar a Inglaterra, en la primavera de 1892, mientras desarrollaba su actividad como evangelista, pastor, editor y publicador, Waggoner se dedicó más de lleno al estudio y escritura de ‘El Pacto Eterno’. Lo terminó hacia mayo de 1896, pero debido a la falta de recursos para publicarlo en forma de libro, Waggoner lo fue ofreciendo como artículos semanales en la revista inglesa Present Truth (Verdad actual).

Un siglo después, vuelve a estar disponible en forma de libro, formado por los artículos que fue publicando semanalmente durante un año. Si Waggoner viviera hoy, sin duda volvería a repetir sus palabras:

"Las páginas que siguen tiene por objeto ayudar a todos aquellos que deseen estudiar los preceptos y promesas de la Biblia en su verdadero contexto... El autor sería el último en pensar que este libro tenga la última palabra sobre el tema principal, o sobre cualquiera de sus partes. Eso no puede jamás suceder en este mundo. El relato del amor de Dios es inagotable: es tan infinito como Dios mismo.

Estas páginas tienen por objeto animar a un estudio más profundo del tema, pero eso no significa que tenga dudas en cuanto a la veracidad de lo que aquí presento. Lejos de eso. El estudio subsiguiente del tema no invalidará los principios aquí establecidos, sino que más bien profundizará en esta misma línea. No escribo esto con espíritu de ostentación, sino porque sé en quien he creído, y tengo confianza en mi Maestro.

No hay nada original, ni procura alguna de originalidad: solamente la trascripción de unas pocas de las riquezas de Cristo. Si el lector obtiene la mitad de la bendición que obtuvo quien lo escribió, habrá valido la pena" (E.J. Waggoner).

 

-Ron Duffield
Bibliotecario del Seminario Weimar

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