General Conference Daily Bulletin, 1895
El mensaje del tercer ángel (nº 2)

A.T. Jones

 

El papado

Nuestro tema hoy es el estudio del papado, de igual forma en que ayer estudiamos la imagen del papado. Una vez más, todo cuanto pretendo hoy es presentar la evidencia, exponer la situación; los argumentos vendrán más plenamente una vez hayamos visto la base sobre la que descansan. Todas las declaraciones que voy a leer esta noche proceden de autoridades católicas: de sus predicaciones y de sus escritos.

Primeramente leeré a partir de algunas predicaciones católicas dadas en el Congreso Católico de Chicago el año 1893, según aparecen impresas en Herald de Chicago, del 5, 6 y 7 de septiembre. Se trata fundamentalmente de afirmaciones similares a las que leí en la presentación precedente, pero viniendo del otro poder, o más bien de la otra cara del mismo poder. Al reunirlas, tal como hicimos con las procedentes de la imagen, y al relacionarlas con aquellas, no será difícil observar el paralelismo, en algunos casos casi verbal, y ver que son idénticas en principio y propósito.

Leeré primeramente a partir de una predicación que dio Walter George Smith en el Congreso Católico de Chicago el 4 de septiembre, relativa a la “Influencia de los ciudadanos católicos”, tal como la publica Herald de Chicago del 5 de septiembre de 1893:

La iglesia y el estado, en tanto en cuanto corporaciones y cuerpos exteriores de gobierno, están ciertamente separados en sus esferas respectivas, y la iglesia no absorbe al estado ni el estado a la iglesia, pero ambos proceden de Dios y ambos buscan los mismos fines, y cuando ambos son correctamente comprendidos no hay antítesis o antagonismo entre ellos. El hombre sirve a Dios al servir al estado, tan directamente como al servir a la iglesia. El que muere en el campo de batalla luchando por su país, se cuenta junto al que muere en la hoguera por su fe. Las virtudes cívicas son en ellas mismas virtudes religiosas, puesto que nadie que deje de amar a su hermano, ama -o puede amar- a Dios.

Si recordáis bien, lo leído va en la misma línea de lo que leímos ayer a propósito de que “Más cerca, oh Dios de ti” y “Star Spangled Banner” (el himno nacional americano) son ambos “himnos cristianos” para quien tiene esa comprensión. Podéis ver que eso convierte al gobierno en enteramente religioso, poniéndolo al mismo nivel que la iglesia.

Este es otro fragmento de la misma predicación:

La iglesia [se refiere a la iglesia católica] ha sido en todas las edades la más democrática de todas las organizaciones; sólo ella ha enseñado la verdadera teoría de la fraternidad e igualdad de todos los hombres ante Dios, y en sus preceptos ha de encontrar la humanidad el fundamento de sus medidas de alivio para las actuales amenazas.

Aquí se está refiriendo a los peligros actuales en los asuntos sociales, al trabajo contrapuesto al capital y a las controversias que son comunes en nuestros días en los Estados Unidos.

El mismo diario, el Herald de Chicago, en su número del 5 de septiembre de 1893, publica otra predicación, esta vez a cargo de Edgar H. Gans, titulada: “La iglesia católica en América”. Hablando sobre el espíritu de libertad que ejemplifican los Estados Unidos, y en una afirmación relativa a dicho espíritu de libertad, el ponente declara citando a Webster:

La Iglesia Católica da la bienvenida a ese espíritu fresco y bello, y lo acoge en su seno, puesto que es su madre adoptiva. Lo ha alimentado por siglos con una tierna devoción. Lo ha rescatado una y otra vez de las manos atrevidas e impías de déspotas, sean estos reyes, emperadores o una mayoría popular elevada al trono. En la iglesia de Dios se encuentra el único verdadero soberano y la fuente de todo poder. De él deriva la soberanía del pueblo como legado sagrado, y se lo debe emplear para el bien común.

A partir de la encíclica papal podemos ver que él, en el lugar de Dios, es el guardián y fuente de esa soberanía. Leemos ahora la afirmación con la que concluye la ponencia del señor Gans. Es idéntica a una de las que leímos anoche:

Tenemos entre nosotros a nuestros profetas de Israel, comisionados divinamente -tal como lo fueron los santos hombres de antaño- para guiar, instruir, ennoblecer y elevar a la nación; y el pueblo americano habrá alcanzado su mayor gloria cuando busque las palabras de sabiduría y verdad de sus labios –cuando se someta voluntariamente a las ministraciones amigables de los sacerdotes y obispos de la santa Iglesia Católica.

Las declaraciones precedentes no precisan mayor comentario. Bastará con que examinéis la recopilación de lo leído anoche para que reconozcáis la conexión.

Leemos ahora fragmentos de una predicación del obispo John A. Waterson, de Columbus, en el congreso católico. Se publicó en Herald de Chicago del 6 de noviembre. Su disertación versa sobre León [XIII, el papa desde 1878 hasta 1903]] y Satolli [(1893-1910), cardenal y teólogo católico italiano, fue el primer delegado apostólico en Estados Unidos] y dice lo siguiente respecto a León:

Debido a su dignidad y bondad personal, a la sabiduría práctica de sus enseñanzas y a la firmeza de sus actos, el papa se está recomendando como algo grande ante el mundo y para el mundo [manifestaciones sonoras de aprobación]. Intelectos que anteriormente habían sido rebeldes, están viniendo a aceptar que si la sociedad ha de ser salvada de una peor condición en algunos aspectos que la de los tiempos paganos, es del vaticano de donde ha de venir el salvador [nuevamente manifestaciones sonoras de aprobación].

Katherine E. Conway provee otra declaración en el número del 7 de septiembre de Herald. Su artículo se titula: “Making America Catholic” (convirtiendo América al catolicismo). Dijo esto:

Vuestra misión es hacer América católica. Tal fue la salutación del arzobispo de Irlanda a la asamblea de delegados en el Catholic Centenary Congress de hace cuatro años en Baltimore. Y ese fue el encargo con el que les hizo regresar a sus casas. El entusiasmo patriótico y religioso estaban en marea creciente, y todo corazón estaba presto a responder, como los primeros cruzados ante el llamado de Pedro el ermitaño: “Dios lo quiere”.

Esos discursos muestran que el objetivo y obra del papado son precisamente los mismos acerca de los que leímos anoche.

Prestemos ahora atención a otras declaraciones hechas el pasado otoño, en relación con la entonces inminente encíclica del papa. Una carta de Roma datada del 14 de octubre de 1894, publicada en Catholic Standard del 3 de noviembre, contiene esto:

No es exagerado decir que los Estados Unidos de América son el pensamiento principal de León XIII en el gobierno de la Iglesia Católica universal y romana.

Quisiera comentar algo al respecto. ¿Por qué está León pensando constantemente en los Estados Unidos? -Por lo relativo al gobierno de la Iglesia Católica universal y romana. Es decir: lo que quiere obtener de Estados Unidos tiene que ver con algún propósito en el gobierno de la Iglesia Católica en todo el mundo.

Es uno entre los intelectos privilegiados del viejo mundo que están poniendo su mirada en la bandera estrellada de Washington a fin de llegar al zenit de los cielos. Hace unos días León XIII dijo en su recepción a un americano eminente: “Pero los Estados Unidos son el futuro; pensamos constantemente en ellos”. El político desapercibido, el observador superficial -en Europa tanto como en América- se sorprende ante esa persistente simpatía hacia el pueblo americano y ese esmero en pro de sus intereses generales. Pero quienes conocen el alma apasionada del papa, anhelosa de todo lo que es bueno, ávida de todo lo que es grande y fructífero; el filósofo que explora el amplio horizonte intelectual, social y religioso; el estadista que toma decisiones según criterios generales y de gobierno, el corazón del santo padre las lee todas ellas, e inspiran sus resoluciones inflexibles y su devoción hacia el ideario americano. Esa simpatía siempre presente tiene su base en los intereses fundamentales de la santa sede.

Las ideas fundamentales de la santa sede son las ideas sobre las que descansa toda la estructura, y esa simpatía por América tiene su base en esas ideas fundamentales relativas a los intereses de la santa sede de la “Iglesia Católica romana y universal”.

Esa simpatía siempre presente tiene su base en los intereses fundamentales de la santa sede, según una peculiar concepción del papel que ha de representar, y de la posición que la iglesia y el papado han de adoptar en los tiempos venideros.

Eso muestra más claramente hasta qué punto el papado está analizando los tiempos venideros con un vivo interés. Quiere estar preparado en todo aspecto imaginable para afrontar lo que está por venir, como él mismo dice; y se propone emplear a los Estados Unidos, a través y mediante los cuales pueda vestirse y prepararse para afrontar exitosamente lo que está por llegar en los tiempos venideros. Leeré algo más al respecto:

El interés de Roma reconoce estar en necesidad de encauzar su rumbo de acuerdo con las señales de los tiempos y las transformaciones en la agitada superficie del mundo. La concepción peculiar consiste en un profundo sentimiento de que la iglesia en Europa ha de renovar sus instrumentos y sus métodos para adaptar sus principios inmutables a los entornos cambiantes y a las nuevas condiciones… En esa evolución, la iglesia, tal como lo ve el papa, tiene una misión que cumplir. Con esa finalidad debe adaptarse a los cambios que se han producido por la acción de fuerzas universales. Iglesia-Estado, catolicismo oficial, privilegios, vínculos legales y proximidad entre dos poderes, la conexión del clérigo con un partido político, organizaciones eclesiásticas feudales; es necesario que toda la estructura externa de la iglesia se transforme, se renueve: quizá que se la deseche totalmente. Ese es el pensamiento central dominante que marca la segunda parte del actual pontificado desde el tiempo del incidente de Knights of Labor [aparecida hacia finales de los años 70 en Philadelphia como organización secreta de obreros del gremio de la sastrería, Knights of Labor perdió su carácter oculto hacia 1880 y se expandió en la sociedad laboral, llegando a actuar a modo de sindicato obrero. Su implicación en acciones de protesta social en la era de la crisis económica mundial de 1873 hasta la gran huelga general de Chicago en 1886 hizo que se la clasificara como de carácter agitador e incluso terrorista, siendo objeto de represión, lo que la hizo regresar a una presencia minoritaria e incluso simbólica] y la encíclica Rerum Novarum, hasta la encíclica al pueblo francés. En la primera mitad de su reinado, León XIII había pacificado, apaciguado, curado. Había sido el papa de la paz y la calma. Tras haber sellado ese carácter, comenzó a ser el papa de la acción. Pero ¿cómo crear ese nuevo paradigma eclesiástico?

¿Dónde obtener el clero, la forma eclesiástica que permita desarrollar ese esquema y triunfar en Europa y en el mundo? Europa debe rejuvenecer, remodelarse, reanimarse. ¿Dónde encontrar el patrón que sirva para modelar Europa?

¿De dónde hay que copiar? ¿Qué civilización, qué país, qué filosofía ha de ser la fuente? ¿No sería arriesgado crearlo partiendo de la nada? ¿No sería mejor sumar fuerzas con una nación que provee en parte el tipo, en la que al menos existe ya en “bruto”? ¿No bastaría con trazar las líneas maestras sin titubeos, para seguirlas después? Ese esquema es el esquema americano; es la democracia americana, con libertad, con una ley común, con su vida plena y exuberante, sin ligaduras restrictivas y sin burocracia histórica.

Esa “ley común” es el fundamento para toda imposición de leyes dominicales en todos los tribunales. La ley común es descendiente directa del derecho canónico. Cuando el papado era el estado, y el estado estaba sujeto a los dictados del papado, el derecho canónico era lo que ahora es la ley común. Y los Estados [Unidos] que profesan haberse separado del papado, no obstante, decretan observaciones religiosas evocando la “ley común”. Y ahora que toda la estructura judicial de Estados Unidos está comprometida con la defensa del domingo fundamentándose en la ley común, hace acto de presencia el papado y se alegra de que haya un modelo tan a su gusto como para basarse en él a fin de remodelar sus formas eclesiásticas en Europa y en el mundo.

Veamos otro aspecto. Leo de nuevo la última sección:

Ese esquema es el esquema americano; es la democracia americana, con libertad, con una ley común, con su vida plena y exuberante, sin ligaduras restrictivas y sin burocracia histórica.

El papado está impaciente respecto a las ligaduras restrictivas; ciertamente no quiere ninguna de ellas. El gran descubrimiento que ha hecho León XIII, y que antes de él no hizo ningún papa, es ese giro que ha dado todo el tiempo León, y a partir de él todos los que están manejando los asuntos en este país -el giro que se está dando a la cláusula de la constitución de los Estados Unidos: “El Congreso no legislará respecto a establecer una religión, ni a prohibir el libre ejercicio de la misma”. León ha descubierto que el papado se puede imponer de toda forma posible y por todo medio posible, y que al Congreso se le prohíbe legislar de cualquier forma que lo detenga. Nadie lo había descubierto antes de él, y así es como últimamente puede apoyar tan plenamente la constitución de los Estados Unidos.

Por supuesto, todos sabemos que la intención del pueblo americano era que la religión no tuviera ningún papel en los asuntos de gobierno, y ninguna conexión con ellos. Pero el papado jamás se da por satisfecho con cualquier cosa que no sea tomar plena posesión del gobierno, y entonces manejarlo según los intereses de la iglesia, y León XIII se ha dado cuenta de que puede conseguirlo todo bajo la cobertura de esa declaración que en su día fue formulada con el fin de prevenir ese hecho por siempre.

Por consiguiente, el papado, en flagrante violación de la constitución, puede abrumar al gobierno y esgrimir esa cláusula a modo de barrera contra cualquier cosa que alguien pueda hacer para detenerlo. Y que tenga cuidado cualquiera que se manifieste en contra de esa actitud del papado: lo acusarán de estar “violando la constitución de Estados Unidos” en espíritu, ya que la constitución dice que está prohibido hacer nada contra la religión que sea, o contra el establecimiento de la misma. Cuando un ciudadano de Estados Unidos se levanta en protesta contra el papado y contra todo eso que está haciendo, que es contrario a la letra y al espíritu de la constitución, que lleve cuidado: no está apreciando “la libertad de la constitución; somos amantes de la libertad; defendemos la constitución; nos alegramos de que América tenga una insignia tal de libertad”. Realmente se alegran.

Esa es la razón por la que el papa León XIII se empeña con toda su alma, llena de idealismo, en eso que se ha llamado impropiamente su política americana. Se lo debiera llamar su política católica universal.

¿Qué política es la suya en Estados Unidos? -Política universal. Lo que el papado está haciendo en Estados Unidos, lo hace con la intención de ganar influencia en todo el mundo, alineándolo con las ideas papales, construyendo una vez más sobre sus principios básicos y fundamentales.

Es en esa perspectiva tan amplia como el mundo, e imperecedera como toda una era, como debe leerse la próxima encíclica americana. Hacer independiente y soberana la delegación [de Satolli], [cosa que logra] mediante un tribunal supremo eclesiástico.

Lo anterior significa muchísimo más de lo que muchos han imaginado hasta ahora, puesto que Satolli ya ha establecido la doctrina de que el clérigo en Estados Unidos no está sujeto a la jurisdicción civil. Eso implica ciertamente un tribunal supremo eclesiástico.

Apoyar a monseñor Satolli, dar permanencia y éxito a su misión; señalar el camino a una mayor influencia y libertad; continuar la política de moderación y adaptabilidad que ha traído paz a la nación; en pocas palabras: abordar todas las cuestiones importantes en la actualidad y determinar poco a poco para bien el modelo eclesiástico, el tipo de vida que León XIII desea a fin de alcanzar a los pueblos que despiertan en el antiguo continente: esa es la sublime inspiración de la encíclica a los americanos.

Esa declaración referida a cómo está observando las señales de los tiempos, esa reformulación del papado, que contempla si es necesario hasta la demolición de las instituciones y formas que han funcionado exitosamente por siglos; todo eso, a la vista de lo que el papado está por realizar, me hace pensar en la traducción que hacen los judíos de Daniel 8:23. La versión autorizada (KJV) dice: “En el período final de su reino, cuando los transgresores hayan alcanzado la plenitud, se levantará un rey de semblante feroz, entendido en asuntos oscuros”. La traducción judía dice: “Un rey de rostro insolente, experto en intrigas”. ¿No es evidente que eso alude al papado, tal como estamos aquí leyendo en los documentos esta noche? “Un rey de rostro insolente, experto en intrigas”.

El obispo Keane, de regreso de su visita a Roma el pasado octubre, dice en una entrevista que publica el número del 13 de octubre de Catholic Standard sobre ese tema:

El obispo Keane se expresó con mucha libertad en relación con ese viaje al extranjero, y especialmente respecto al gran interés que tiene el papa en América y en los asuntos temporales y espirituales de este país. El papa cree que el bienestar político o el propio bienestar temporal del mundo deben ser guiados por Dios de igual forma que el bienestar espiritual. Su política consiste en conciliar ambos hasta donde sea posible. En la realización de su propósito, el papa quiere adaptar la iglesia tanto como sea posible a las condiciones existentes que caracterizan al mundo de nuestros días, así como proveer para los que se avecinan en el futuro. Compara al mundo con el hombre, de forma que el alma está representada por la iglesia y el cuerpo por el estado. Sería necio quien cultivara el alma sin prestar atención al cuerpo; de igual manera, la iglesia no se puede permitir ser negligente respecto a las condiciones que la rodean. Cuando crece el cuerpo del hombre, su alma se desarrolla; y a medida que el mundo avanza en edad, las condiciones que rodean a la iglesia están sujetas a cambios semejantes. En consecuencia, es el propósito del papa que el poder temporal y el espiritual permanezcan libres de conflictos.

Así, el papa sigue manteniendo su pretensión de ser el agente de Dios en la conducción de esos asuntos. Establece lo que él dice ser la voluntad de Dios respecto a la iglesia y a los poderes temporales y espirituales, y a continuación él es el que, en lugar de Dios, ha de manipularlos y determinar cómo han de conducirse uno junto al otro. Él es quien evita que entren en conflicto.

El papa reconoce que en el futuro el estado será una democracia, y los más destacados exponentes de ello son hoy Francia y América. Por consiguiente, contempla esos países con un vivo interés. Eso es especialmente cierto de Estados Unidos, donde el papa cree que va a establecerse el baluarte del catolicismo en el futuro.

Prestemos ahora atención a las palabras del papa en su encíclica, tal como publica Catholic Standard del 2 de febrero de 1895. Hay que leer varias veces la encíclica para captar su intención, por lo tanto, he leído anteriormente esos fragmentos para que os resulte fácil comprender lo que está diciendo sobre el tema. En ella se discuten diversos puntos, pero leeremos solamente lo que se relaciona con el tema en cuestión. Tras saludar así: “Venerables hermanos, tened salud y bendición apostólica”, dice:

Hemos resuelto hablaros separadamente confiando en poder ser, Dios mediante, una ayuda a la causa católica entre vosotros. A ese fin nos dedicamos con el mayor celo y atención, pues tenemos en gran estima y amamos sobremanera a la joven y vigorosa nación americana, en la que discernimos fuerzas latentes para el avance tanto de la civilización como del cristianismo.

En referencia a la llegada de Colón, dice:

De la misma forma en que el arca de Noé que flotaba sobre las aguas del diluvio llevó la simiente de Israel en aquel remanente de la raza humana, así también los barcos en los que Colón surcó el océano llevaron a regiones de ultramar, tanto gérmenes de poderosos estados como principios de la religión católica.

Siguiendo con el desembarco de Colón:

El hecho que estamos considerando no ocurrió ciertamente al margen del designio de la providencia divina. Precisamente en la época en que las colonias americanas lograron la libertad y la independencia con ayuda católica para unirse en una república constitucional, la jerarquía eclesiástica quedó felizmente establecida entre vosotros.

Es decir, cuando se logró la libertad y la independencia, y esta nación comenzó, comenzó también la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica; el comienzo de ambas cosas coincidió en el tiempo; eso es lo que está destacando:

Otro punto que destaca es este:

Y en el mismo tiempo en que el sufragio popular colocó a Washington a la cabeza de la república, la autoridad apostólica eligió al primer obispo de la iglesia americana.

Esas frases no figuran ahí sin un propósito. El papado pretende que en lo sucesivo la Iglesia Católica sea reconocida como la iglesia americana. Sigo leyendo:

La bien conocida amistad y relaciones de familia que existen entre esos dos hombres parecen constituir una evidencia de que los Estados Unidos debieran unirse en concordia y amistad con la Iglesia Católica.

En otra sección, después de referir lo realizado por los obispos en sus sínodos y mediante sus decretos, afirma:

La iglesia que está entre vosotros, a la que no se opone la constitución, agradece la equidad de las leyes de que goza en América, así como las costumbres de la bien ordenada república.

El texto de la constitución se redactó con el propósito específico de oponerse a Roma y de salvar al país de la dominación de Roma. Esto es lo que declaran los autores de la constitución y la historia del tiempo en que fue confeccionada:

Es imposible que el magistrado adjudique el derecho de preferencia a alguna entre las varias sectas que profesan la fe cristiana, sin implicar en ello una pretensión de infalibilidad que nos haría regresar de nuevo a la iglesia de Roma.

En consecuencia, a fin de evitar que los pobladores del país cayeran bajo la dominación de la iglesia de Roma, en la constitución especificaron que el gobierno jamás debe tener nada que ver con la religión. Pero León ha descubierto que la ausencia de oposición en la constitución es el mejor resorte, su gran oportunidad.

La iglesia que está entre vosotros, a la que no se opone la constitución ni el gobierno de vuestra nación; no estando encadenada por ninguna legislación hostil, protegida de la violencia por las leyes comunes y por la imparcialidad de los tribunales, está en libertad de vivir y actuar sin obstáculos.

Así es: está actuando sin obstáculos. No estoy diciendo que la constitución debiera estar redactada de forma que el congreso pudiera legislar en contra del papado. En absoluto. La mejor salvaguarda contra el papado es la constitución tal como es. Pero bajo las actuales circunstancias, el papado está procurando que esta sea su mejor carta para alcanzar el dominio. León continúa así:

No obstante, aun siendo cierto todo lo anterior, sería un gran error llegar a la conclusión de que en América se debiera dar la condición más deseable para la iglesia, o de que fuese universalmente lícito o conveniente que la iglesia y el estado estuvieran separados y divorciados como en América.

Si bien la Iglesia ha prosperado bajo esta constitución y tiene aquí la mejor oportunidad y pronunciamientos de toda la tierra, no se debe tomar eso como una evidencia de que sea preferible que la iglesia y el estado estén separados. ¡De ninguna manera!, porque antes de terminar el párrafo especifica que deben estar unidos. Aquí lo tenéis en sus palabras:

El hecho de que el catolicismo goce de buena salud entre vosotros, e incluso que esté gozando de un próspero crecimiento, se lo debe atribuir siempre a la fecundidad de la que Dios ha dotado a su iglesia, en virtud de la cual, a menos que interfiera el hombre o las circunstancias, se propaga y expande espontáneamente; pero llevaría frutos aún más abundantes si, además de la libertad, gozara del favor de las leyes y del patrocinio de la autoridad pública.

No le basta con gozar de libertad y no ser molestada. Para estar satisfecha se la tiene que favorecer y promover; y si bien la constitución le concede estar totalmente libre de restricciones, eso no le basta. Nada la satisface, excepto que las leyes y la autoridad pública la apoyen y favorezcan.

Respecto al establecimiento de la delegación apostólica, que es la posición de Satolli, escuchad lo que sigue. Está lleno de significado:

Mediante esta acción, como ya insinuamos en otro lugar, hemos querido sobre todo certificar que, en nuestra valoración y afectos, América ocupa el mismo lugar y privilegio que otros estados, por poderosos e imperiales que puedan ser estos.

En el establecimiento de la posición de Satolli aquí, lo que propone y de hecho afirma, es que la América de hoy, los Estados Unidos, ocupan el mismo lugar y tienen los mismos derechos que otros estados, por poderosos e imperiales que puedan ser -como Austria, España o Francia-, tal como figura en su comunicado publicado en Lansing (Mich.) en el Republican del 24 de septiembre de 1894.

El edicto papal eleva a Estados Unidos hasta el primer nivel como nación católica. Hasta ahora este país había ocupado ante la iglesia la posición de una “misión”. No tenía ante Roma más reconocimiento oficial que China… pero mediante el reciente edicto [así como también por la encíclica] el país queda liberado de la propaganda, y queda declarado país católico.

¡Sí: un “país católico”, tanto como cualquier otro estado, por poderoso e imperial que pueda ser!

Además de lo dicho, era nuestra intención estrechar aún más los lazos del deber y la amistad que os conectan a vosotros y a tantos miles de católicos con la sede apostólica. De hecho, la mayoría de católicos comprendió cuán saludable iba a ser nuestra acción; vieron además que armonizaba con la política y los usos de la sede apostólica, pues desde la remota antigüedad ha sido la costumbre de los pontífices romanos en el ejercicio del divinamente otorgado don de la primacía de la administración de la iglesia de Cristo, enviar nuncios [miembros del clero, especialmente cardenales, en representación del papa] a las naciones y pueblos cristianos.

¿Dónde envían los pontífices a sus nuncios? ¿A los países que consideran misiones? -No. ¿Los envían a los países o pueblos protestantes? -No. ¿A países o pueblos paganos? -No: los envían a “a las naciones y pueblos cristianos”. Y tan pronto como han hecho así, y han comisionado al nuncio y enviado la delegación de forma que se ha establecido a permanencia,

Los nuncios … quienes, en el lugar de él [del papa], pueden corregir errores, enderezar lo torcido y administrar los recursos acrecentados de la salvación al pueblo cuyo cuidado les ha sido confiado… Su autoridad no tendrá un peso menor en la preservación de un espíritu de sumisión en la multitud.

A continuación, en relación con lo que planea hacer con los obispos, y cómo piensa ayudarles y preservar su administración y asuntos diocesales, afirma que todo lo anterior se hace con la finalidad de que “todos puedan obrar juntos con energías combinadas para promover la gloria de la iglesia americana y el bienestar general”.

Es difícil estimar los buenos resultados que van a emanar de la conferencia de los obispos. Nuestro propio pueblo será edificado, y el poder del ejemplo tendrá sus efectos en los de afuera, que mediante ese solo argumento resultarán persuadidos de que el apostolado divino ha pasado por herencia a las filas del episcopado católico.

Otra consideración demanda nuestra ferviente atención. Todos los hombres inteligentes están de acuerdo en esto, y nosotros mismos lo hemos insinuado ya antes con placer: América parece estar destinada a cosas más grandes.

Podéis comprobar cómo tiene sus ojos puestos en América y en esas cosas más grandes a las que parece destinada en previsión de los “tiempos venideros”.

Nuestro deseo es que la Iglesia Católica no sólo participe en ella, sino que contribuya a lograr esa previsible grandeza. Consideramos justo y apropiado que procure, aprovechando las oportunidades que se le brindan diariamente, mantenerse a la par con la República en la carrera por mejorar, y al mismo tiempo esforzarse al máximo mediante su virtud y sus instituciones, a contribuir al rápido crecimiento de los Estados. Lograremos ambos objetivos fácil y abundantemente en la medida en que la constitución se perfeccione en el futuro [se refiere a la constitución de la iglesia]. Pero ¿cuál es el significado del nuncio [la posición de Satolli] al que estamos aludiendo?, ¿o cuál es su finalidad última, excepto conseguir que quede reforzada la constitución de la iglesia, y fortalecida su disciplina?

La situación queda claramente expuesta. La iglesia se ve a sí misma en necesidad de una nueva reformulación, de un nuevo molde o mecanismo, de la estructura que le permita desempeñar su labor, y de imponer sus doctrinas y dogmas a los pueblos de la tierra.

Los Estados unidos están liderando las naciones, y en vista de los tiempos que se avecinan, la iglesia se sube a ese carro, y poniéndose un nuevo traje, recalibrándose ella misma, pretende utilizar esta nación como el agente principal para llevar a cabo sus designios. Aquí, en la carta de Roma -Catholic Standard del 3 de noviembre de 1894- que ya hemos leído con anterioridad, encontramos un buen ejemplo de ello:

Para la mente de León XIII, tan receptiva y abierta a las ideas del cardenal Gibbons, de los monseñores Ireland y Keane, Europa está en proceso de desprenderse de su mugre.

El papado se presenta aquí como siendo lo principal en Europa, y se propone conseguir que se deshaga de su mugre, de la manera en que la serpiente muda su piel. Aplicando la imagen, y dejando que el papado hable por sí mismo, hay que aceptar que se trata de una ilustración muy apropiada, dado que la Escritura lo describe actuando por impulso de esa “serpiente antigua”. Se deshace de su piel envejecida y deteriorada para aparecer con una piel tan nueva, tan bella y rosada, que miles de protestantes piensan que ahora es otra cosa totalmente diferente; pero Dios afirma que es la misma serpiente antigua, sea que haya mudado o no su piel. Es la misma serpiente antigua en su piel nueva, obrando de la misma manera, con idéntico propósito: poner a todas las naciones bajo su mano. Eso es lo que se propone hacer, y eso es lo que va a hacer.

He de leer algunas citas más, y hacer algunos comentarios. De nuevo en el Catholic Standard del 3 de noviembre de 1894:

Hay un despertar, una metamorfosis, una inquietud y esperanza. La tradición consiste en que en la antigua Roma había muy extrañas expectativas mientras sucedía la tragedia del Gólgota, e incluso ahora pueden oírse voces misteriosas anunciando que el gran [dios] Pan ha muerto. ¿Qué nuevo orden va a seguir? ¿Volverá la humanidad a ser su propia embaucadora? ¿Van a reaparecer los antiguos males bajo nombres nuevos, repoblando de nuevo el mundo con falsos dioses? ¿Quién sabe?

Es decir: nadie conoce la respuesta. Luego afirma:

Lo que sí sabemos es que el mundo está en su agonía mortal.

¿No es tiempo de que los adventistas del séptimo día comprendan plenamente también eso mismo? El papado sabe que el mundo está en su agonía mortal. ¿Lo sabéis vosotros? Si es así, ¿no debierais decírselo al mundo, tal como está haciendo el papado? ¿Por qué nos ha estado dando Dios este mensaje durante todos estos años, si no es para que podamos advertir a la gente de que el mundo está en su agonía mortal, y al decírselo puedan volverse hacia el Autor de la vida y ser salvos cuando la agonía llegue a su consumación? El papado lo sabe, y está actuando en consecuencia. Ahora leeré el resto de la frase:

Lo que sí sabemos es que el mundo está en su agonía mortal y que estamos entrando en la noche que inevitablemente ha de preceder el amanecer.

Y es así: “‘Centinela, ¿cuánto queda de la noche? Centinela, ¿cuánto falta para que amanezca?’ El centinela responde: ‘Ya viene la mañana, pero también la noche’”.

Sigue así:

Tal como el papa ve las cosas, en ese proceso la iglesia tiene una misión que cumplir.

Eso es en vista de los tiempos que se avecinan. ¿Qué está esperando? -La agonía mortal del mundo. Todas las naciones están agitadas, la sociedad está atormentada, todo está en proceso de desintegración, de la forma en que había existido hasta ahora. El papa ve todo lo que está sucediendo y espera que evolucione hasta su plenitud; y a partir de la agonía y del despiece que va a resultar, espera exaltarse una vez más hasta alcanzar la supremacía sobre las naciones que poseyó en lo antiguo. Y lo va a realizar; sabemos que es así; las Escrituras lo especifican.

El papado ve precisamente lo que nosotros vemos. Vemos el mundo en su agonía mortal; vemos la sociedad desintegrándose; vemos cómo se tambalean los tronos. También el papado lo ve, y se propone sacar partido de ello y ganar la supremacía, una vez consumado todo ese proceso. Lo vemos venir; sabemos que va a hacerlo, y que su triunfo vendrá a partir de esa agonía mortal. Le supone nueva vida, y se glorifica en que así sea, viviendo “en deleites… porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré llanto. Por lo cual, en un solo día vendrán sus plagas: muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego, porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga”.

¿No estamos acaso inmersos en el torbellino de los eventos que va a desembocar en eso mismo? Estamos en él; el torbellino está en marcha. ¿Para qué estamos aquí, si no es para decir a la gente que el mundo está en su agonía mortal y para llamarlos a que huyan hacia Aquel que es la vida de todo?

¿Acaso no tiene el papado experiencia en eso mismo? ¿No vio ya el papado con anterioridad al mundo prácticamente en su agonía mortal? El Imperio romano era entonces el mundo; toda la civilización estaba contenida en sus límites y estaba bajo su control. El papado vio cómo se desintegraba el Imperio romano, vio aquella anarquía universal. Vio en aquella ocasión al mundo tal como estaba, en su agonía mortal, y a partir de ella se exaltó logrando la supremacía de que gozó en la Edad Media, trayendo los horrores que maldijeron al mundo por tanto tiempo. Ahora vuelve a ver en acción esos mismos elementos -los mismos movimientos desarrollándose casi en todas las naciones- y se felicita a sí misma: “Lo conseguimos una vez; conseguimos elevarnos por sobre las ruinas de aquel proceso. Volveré a conseguirlo. Aquello demostró en su día al mundo que soy superior a cualquier cosa terrenal; en este día demostraré al mundo -grande como es-, que ‘no hay más que yo… y ninguno más que yo’. Seré reina por siempre. ‘Estoy sentada como una reina, no soy viuda y no veré llanto’”. Ese es su talante; ese es el objetivo buscado, y Dios lo ha expuesto ante nosotros en las profecías, queriendo que advirtamos a cada ser humano de que este mundo está en su agonía mortal. El papado se exaltó sobre las ruinas de la agonía mortal del mundo romano; y siguiendo el modelo de su experiencia en el pasado, se propone hacer lo mismo ahora. Va a triunfar; es cierto. Como cierto es también que su éxito significará su ruina segura, por consiguiente: “Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas”.

 

 

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