General Conference Daily Bulletin, 1895
El mensaje del tercer ángel (nº 9)

A.T. Jones

 

Hay otra cosa muy importante que debo mencionar en relación con esa separación. Se trata de algo que va a forzar a todo adventista del séptimo día -y a todo cristiano- a decidirse por Cristo o por este mundo; a decidirse por ser fiel a Cristo, o bien por estar conectado con el gobierno de los Estados Unidos. Hay una propuesta que respaldan los gobernadores de todos los estados y territorios de los Estados Unidos, consistente en entrenar en tácticas militares a todos los niños varones del sistema público de educación en las escuelas. Algunos de los gobernadores de los estados cuyas legislaturas están actualmente en sesión, han iniciado ya el proceso de promulgar leyes que den soporte a ese proyecto. El 25 de enero tuvo lugar en la ciudad de Nueva York un encuentro donde se pronunciaron discursos en favor de esa propuesta.

Si el gobierno de los Estados Unidos fomenta los ejercicios militares, infundiendo así el espíritu bélico en todos los niños del país, ¿qué cristiano va a estar dispuesto a que sus hijos participen en eso? Y si ese malvado proyecto se hace obligatorio o se lo requiere por ley, ¿qué cristiano puede permitir que sus hijos sigan yendo a la escuela? La voz que presentó a Cristo al mundo, dijo: “En la tierra paz”. Ese asunto es precisamente lo que escribió Joel: “Proclamad guerra”. ¿Estáis listos para eso? El proyecto está en pie, y se ha extendido por todo el país como incendio descontrolado. Desde el día en que se lo mencionó por vez primera se lo ha venido considerando como si se tratara de lo más grande que jamás haya existido. Ha sido objeto de voraz apropiación, y se propone legislar de inmediato sobre él.

Sea que esos ejercicios militares -ese inculcar el espíritu bélico en todos los niños del país- se haga obligatorio o no de entrada, su simple realización es ya bastante; ya que su mera introducción y práctica lo convertirán de cierto modo en obligatorio por la sencilla razón de que todo niño que rehúse tomar parte en él será considerado un cobarde por quienes se impliquen. Se lo marginará; sus compañeros de escuela lo menospreciarán. A fin de justificar todo eso en nombre del “patriotismo”, se aduce que su finalidad es “inculcar el patriotismo” y “el amor a la bandera”. Cualquier niño que rehúse participar en los ejercicios militares quedará estigmatizado como “falto de patriotismo”, se considerará que “desprecia la bandera”, se dirá que “no ama el país”, que es un “traidor”. Pero ningún padre cristiano puede permitir que su hijo sea adoctrinado según un espíritu bélico. Es del Espíritu de Cristo, del Espíritu de paz, del que ha de estar impregnado. Es a Cristo a quien debe su fidelidad.

Siendo así, significará una prueba que separará a todo niño cristiano y a todo padre cristiano del gobierno de Estados Unidos y de cada estado. ¿No es, por lo tanto, tiempo de que comencemos a separarnos de todas formas? ¿Fueron exageradas las presentaciones pasadas? ¿Fui demasiado lejos al decir: cortemos amarras? Hermanos, los eventos que tienen lugar por parte del enemigo nos fuerzan hasta el límite en donde hemos de decidir entre la fidelidad a Jesucristo, o a este mundo.

Ante nosotros está ese asunto malvado; ante todo adventista del séptimo día y ante todo cristiano en Estados Unidos. Significará una prueba en cuanto a si desechará todos los asuntos terrenales y se aferrará sólo a Cristo, no importándole cómo puedan llamarle. Tal es la prueba. Es sólo otra expresión del llamado universal: “Salid de ella, pueblo mío”.

¿Dónde comenzó ese asunto malvado? El paso concreto de llevarlo a las escuelas públicas comenzó en el papado. Iglesias que profesan ser protestantes han estado organizando durante dos veranos lo que llaman “Boys’ Brigades”. Pero hasta donde he podido averiguar, el primer paso para llevarlo a las escuelas públicas e imponerlo en el país corresponde al ‘Catholic Club of Jersey City’, N.J., tal como describe el periódico The Catholic Mirror del 6 de octubre de 1894:

El ‘Catholic Club of Newark’ (N.J.), en su reunión del pasado miércoles por la noche, adoptó una serie de resoluciones solicitando a la Legislatura que implemente la introducción de ejercicios militares en las escuelas parroquiales, públicas y las otras escuelas en este Estado. Las resoluciones son las siguientes:

Se resuelve: Que a juicio del ‘Catholic Club of Newark’, N.J., no debieran ignorarse los activos militares de nuestro país, sino que debieran desarrollarse tan plenamente como la economía lo permita de forma razonable, y…

Se resuelve: Que en consecuencia sugerimos respetuosamente a la Legislatura de nuestro Estado que se haga provisión para la instrucción militar de los niños varones en nuestras escuelas públicas y que sin duda alguna debiera asegurarse que sea a bajo costo mediante recurso a la agencia de los miembros de la Gran Armada de la República y de la Guardia Nacional del Estado, y…

Se resuelve: Que sugerimos también a la Legislatura que evalúe la conveniencia de implementar una instrucción similar en todas las demás escuelas en las que se enseña a niños varones en este Estado; y…

Se resuelve: Que se envíe una copia de estas resoluciones a la secretaría del Senado y otra a la secretaría de la Cámara de los comunes”.

Esperamos que este plan se popularice, pues es de gran beneficio para los niños varones en muchos aspectos.

‘Lafayette Post’ de la ‘Gran Army of the Republic’, de la ciudad de Nueva York -que inició el movimiento para implantar la bandera en todos los colegios- ha retomado últimamente {el asunto de los ejercicios militares en los colegios} y lo ha propagado por todo el país.

Examinemos con mayor detenimiento la situación: todo el que proteste será acusado de falto de patriotismo, mientras que el papado se recomendará como el más patriota de todos, ya que es el primero en respaldarlo. Esa resulta ser simplemente una treta más del papado para colocarse a la cabeza de todo, y con la intención de regir sobre todos.

El que sigue es un comunicado del periódico Evening News de Detroit del 4 de febrero de 1895 en relación con las prácticas militares en las iglesias. Provee una ilustración de la perversión del asunto, sea en las escuelas públicas o en las iglesias apóstatas:

UNITED BOYS’ BRIGADES

4 de febrero, Chicago – Se acaba de establecer la ‘United Boys’ Brigades’ de América con sede en Chicago, compuesta por compañías de jóvenes organizados bajo disciplina militar en las diversas iglesias cristianas del territorio. Sus fundadores son el reverendo H.W. Bolton en representación de los metodistas; el reverendo P.S. Henson en representación de los bautistas, y otros. El movimiento de las brigadas tiene por objeto el desarrollo del patriotismo y la piedad en los chicos, y sus rasgos principales son el ejercicio, el estudio de la Biblia y la obra misionera. Hace unos diez años, William A. Smith, un soldado británico, organizó la primera brigada en Glasgow, Escocia.

El hermano Robinson dice que está extendido por toda Inglaterra y Escocia. ¿No están esas cosas lo suficientemente cercanas a nosotros, y no se han manifestado claramente ante nosotros, como para que veamos hacia dónde nos llevan? Están forzando a que el cristiano se separe de todo lo que hay en la tierra. Por lo tanto, ¿no es ya tiempo, hermanos, de que hagamos esa separación por propia voluntad y de todo corazón?

Babilonia abarca al mundo, y separación de Babilonia no significa más que separación del mundo. ¡Esas cosas están tan próximas a nosotros, y tan próxima la separación que va a venir forzosamente sobre todo el que sea leal a Jesucristo! Todo el asunto proclama la urgente necesidad de que busquemos a Dios de todo corazón, y que permitamos que nuestros corazones se separen, y nosotros nos separemos de corazón enteramente para Dios.

Vale la pena que os lea algunos recortes referidos a ese movimiento militar. Este, del Recorder de Nueva York, que lo respalda plenamente, dice así:

Es evidente que el ejercicio militar en las escuelas era algo que estaba predestinado a ocurrir … Cuánto se ha hecho ya en esa línea, y cuánto más se puede hacer, quedó llanamente demostrado en la exhibición que hizo el otro día el Seventh Regiment Armory, en el que no solamente los chicos, sino también las chicas se desempeñaron con solvencia remarcable.

En el Sun de Nueva York del 8 de febrero, un administrador de la escuela del distrito 33 de la ciudad de Nueva York, tras saber de una resolución tomada en una asamblea de cuáqueros que desaprueba ese movimiento militar, dice (entre otras cosas):

El comité de Educación de nuestra ciudad ha abordado el asunto, con el resultado de que en nuestro propio Estado se acaba de introducir una propuesta de ley en el Senado, pidiendo 100.000 dólares para el equipamiento de los escolarizados de once años o más de edad en las escuelas públicas.

Evidentemente se trata de equipamiento militar. Viene a decir que el comité de Educación de Nueva York (capital) ha hecho una propuesta de ley a la asamblea legislativa de Nueva York para que se equipe a los alumnos de once y más años. Continua así:

Pero además del beneficio que la nación puede obtener y obtendrá de ese entrenamiento militar en las escuelas públicas, afirmo que el propio escolarizado se beneficiará también al ganar un porte varonil, erguido y digno, y al aumentar el respeto a sí mismo, fortaleciendo el cuerpo al mismo tiempo que mejorando la mente, ya que no hay mejor ejercicio que las maniobras {militares} y la marcha; aprendiendo disciplina, y por lo tanto obediencia y sumisión a la legítima autoridad; enseñándole a ser un ciudadano bueno, leal y patriótico, uno que ama a este país, y que si fuera necesario estaría dispuesto a morir por defenderlo; darle control y dominio de sí mismo le da un valor, no solamente para la mente, sino también para el cuerpo, haciéndolo activo, fuerte y valiente. Estoy de todo corazón a favor del movimiento, y podéis contarme entre sus más fervientes partidarios.

Pero no todo tiene el mismo signo. También hay voces que se oponen. Alguien, escribiendo al Herald de Chicago del 3 o 4 de febrero, dice lo que sigue:

En un periódico vespertino de fecha reciente leo un artículo relativo al alistamiento de niños varones en una organización eclesiástico-militar, con el propósito de fomentar el espíritu bélico junto con la mansedumbre proverbial del humilde Nazareno. ¿Podría haber algo más ridículo, contradictorio y grotesco que eso? Cuando el muchacho finalice su educación en la nueva escuela, ¡vaya producto peculiar habrá venido a ser!, ¡qué combinación jocosa de santo y diablo!, ¡qué mezcla imposible de bien y de mal!, ¡vaya prospecto para la iglesia cristiana, cuya misión se supone que es la inauguración de un reino de paz universal!, ¡qué confesión de debilidad!, ¡qué treta despreciable para llenar los bancos vacíos!, ¡qué insulto a la memoria del más noble de los personajes: Jesús, cuya vida, hechos y enseñanza fueron exactamente lo opuesto a eso! Si lo anterior es cristianismo, ¿qué es entonces -en nombre de la religión- el paganismo?...

Esas organizaciones eclesiástico-militares, en su absoluto desprecio hacia la consistencia, la decencia, la genuina moralidad, la auténtica justicia, y de hecho hacia todas las virtudes cristianas, no tienen parangón en la historia; y quienes inventaron ese juego -pues no se trata más que de eso- son los peores enemigos que quepa imaginar de la verdadera democracia y de las instituciones republicanas. Esto les podrá parecer radical a algunos, pero es verdadero; la verdad parece radical solamente a quien no está familiarizado con ella, y de esa clase hay unos cuantos; de hecho, demasiados.

En este diario está impreso el discurso anual de la Sra. Marion H. Dunham, de Burlington, Iowa, que forma parte de Woman’s Christian Temperance Union {WCTU por sus siglas}. Hace algunas observaciones excelentes al respecto. Hablando de los conflictos crecientes entre las clases trabajadoras, del capital y los obreros, etc, dice:

Se ha desarrollado una característica que bien pudiera alarmar a todos los que aman su país, que consiste en el fomento del espíritu militar y el entrenamiento militar.

Entonces, hablando acerca de los peligros inherentes a los asuntos ordinarios gubernamentales, continúa así:

Pero mucho más serios que todos ellos es el hecho de que en un tiempo de gran paz en el que no somos amenazados por ninguna otra nación, un tiempo en el que nuestra posición y poder nos convierten de facto en inexpugnables al ataque de cualquier otro poder hostil, nuestras escuelas e iglesias se estén convirtiendo en campamentos militares y nuestros niños varones estén cargados con armas que se han utilizado en los campos de batalla, de forma que en sus jóvenes corazones se despertó la sed por ver correr la sangre de sus semejantes. En mi propia ciudad [Burlington, Iowa] a las señoritas que hacen las substituciones de los maestros se las llama “cadetes”, y a su labor, “instrucción premilitar”, aparentemente con el objeto de que se vayan haciendo familiares los términos e ideas militares, y que de ese modo ni siquiera la influencia femenina sea ejercida en favor de la paz. En nuestros colegios se implementan instructores por parte -y a expensas- del gobierno, y las Boys’ Brigades de las iglesias, que se supone fueron organizadas para esparcir el evangelio de “en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”, se cuentan en unas 15.000, y han cambiado el antiguo himno de la escuela dominical que decía: “Quiero ser un ángel y con los ángeles estar”, por:

“Quiero ser soldado y con los soldados estar,
con un bonete en la cabeza y un rifle en las manos.
Quiero entrenarme para el servicio con destreza militar,
y dominar las tácticas modernas, las más eficaces para matar”.

Continúa con la revisión de ese antiguo himno, y añade:

No hay enemigo exterior que nos amenace como para hacer necesaria esa preparación, y sea lo que sea que ese movimiento signifique o pretenda, es contrario al espíritu del cristianismo; representa un regreso de la civilización al tiempo en el que el poder era el derecho, y la mano de cada uno se alzaba contra cualquier otro.

De lo anterior podemos aprender otra cosa, y es que las mentes realmente cristianas en el país se pondrán en contra de ese asunto y protestarán contra él, lo que no hace más que abrir el camino para proclamar: “Salid de ella, pueblo mío”. Podéis ver que ese movimiento repudia y excluye a los que son favorables al cristianismo y desean que se propague el espíritu de paz. Traza una línea de separación entre estos y el gobierno. Pero Dios tiene justo ahora una obra en la tierra, un mensaje que proclamar amonestando a todo el que quiera preservar su vida a que se separe totalmente de maldades como esa, a que se posicione de todo corazón en contra y se vuelva a Dios en un espíritu de paz a fin de que todos, del pequeño al mayor, puedan conocer a Aquel que es nuestra paz.

Esta es, pues, la situación actual en todos los frentes: todo elemento del mundo -sea en el papado, en el protestantismo apóstata o en el propio gobierno- nos está llevando al punto en que nos veremos obligados a tomar una decisión y a separarnos del mundo y de todo lo que es del mundo. ¿No vamos a verlo tal como Dios desea, y no tendremos a su Espíritu, quien efectivamente nos separará y nos revestirá de un poder que despertará al mundo al peligro y salvará de la ruina inminente a toda alma que vaya a ser salva? Leamos Isaías 40:9:

Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta con fuerza tu voz, anunciadora de Jerusalén. ¡Levántala sin temor! Di a las ciudades de Judá: ‘¡Ved aquí al Dios vuestro!’

Dios quiere que lo busquemos ahora. Recordad que el capítulo 40 de Isaías se corresponde con el fuerte clamor de Apocalipsis 14 y 18.

He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo dominará; he aquí que su recompensa viene con él y su paga delante de su rostro.

Así, el Señor nos dice ahora: subid a los montes altos, levantad con fuerza vuestra voz y no temáis. Decid a la gente: ‘He aquí vuestro Dios; él es vuestro refugio, vuestra salvación, vuestra protección’.

Volvamos ahora a considerar lo que significa salir de Babilonia. Todos sabemos que salir de Babilonia es salir del mundo, y separarse de Babilonia equivale a separarse del mundo. Lo siguiente que queremos saber es: ¿qué significa salir del mundo?, ¿qué significa separarse de él? Gál 1:4 responderá esa pregunta en pocas palabras; leeremos seguidos los versículos 3-4 a fin de establecer la relación, pero es el versículo cuatro el que contiene la respuesta.

Gracia y paz sean a vosotros, de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo.

Puesto que se dio por nuestros pecados a fin de librarnos del presente siglo malo, es evidente que la conexión con el presente siglo malo consiste en nuestra pecaminosidad. Por lo tanto, a fin de ser librados de este mundo, lo hemos de ser del pecado. No de algunos pecados particulares, sino del pecado mismo, de la raíz, de todo él. La Palabra de Dios no toma a un hombre y mira cuánto de bueno y de malo hay en él, para parchearle bondad en lugar de la maldad y entonces llevarlo al cielo. No se debe coser un parche nuevo sobre un vestido viejo. Así lo dijo Cristo, y así es. Por lo tanto, no debemos ver qué hay de bueno en nosotros, cuántos rasgos saludables, y concedernos crédito por ellos, para después obtener del Señor la suficiente bondad como para suplir la que nos falta. No; no hay bondad, no hay {en nosotros} ni una sola cosa buena. “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga”. “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom 7:24). Es un cuerpo de muerte sencillamente porque es un cuerpo de pecado (Rom 6:6). Ser liberados del pecado es ser liberados de nosotros mismos. En eso consiste salir de Babilonia.

Muchos han albergado la idea de que salir de Babilonia consiste en salir de la iglesia metodista, presbiteriana o católica, e ingresar en la adventista del séptimo día. No; no es suficiente. A menos que uno esté convertido, separado de este mundo, no salió de Babilonia, incluso aunque esté en la iglesia adventista del séptimo día, en el mismo tabernáculo de Battle Creek. Lo anterior no es decir que la iglesia adventista del séptimo día sea Babilonia; no es en absoluto así; pero quien está conectado consigo mismo, está conectado con el mundo, y el mundo es Babilonia. Hay que separarse del pecado, hay que separarse del mundo, para estar fuera de Babilonia. Tener “apariencia de piedad” mientras se niega “la eficacia de ella” es simplemente otra forma de describir a Babilonia y su condición en los últimos días. Por lo tanto, si yo -adventista del séptimo día- tengo la forma de piedad pero estoy desprovisto del poder, pertenezco aún a Babilonia. No importando qué etiqueta me adjudique, sigo siendo un babilónico: llevo el manto babilónico, y llevo Babilonia a cualquier iglesia a la que vaya.

Veamos algo más en relación con la frase de Gálatas: “Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo”.

Todo lo que en este mundo puede malograr o impedir en alguien su camino al cielo, es simplemente lo que hay en él, lo que procede de él. Por consiguiente, cuando Dios libra a alguien de este presente siglo malo, simplemente lo libra del pecado y de sí mismo. Entonces pertenece al reino de Dios; todavía está en el mundo, pero no es del mundo. Por lo tanto, Jesús dice: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia”. Bien: aquí estoy. Supongamos que soy del mundo. El mundo amará lo suyo. Es decir: el mundo que hay en mí y que procede de mí, amará al mundo y se aferrará a él. No puedo hacer de otra manera, no puedo evitarlo, puesto que soy del mundo en mi esencia. El mundo que está fuera de mí, el que me rodea, amará lo suyo, eso es cierto; pero tan ciertamente como soy del mundo, me aferraré a él y lo amaré: el mundo que hay en mí amará y se aferrará al mundo que me rodea. Al mismo tiempo puedo estar llamándome cristiano, pero eso no altera en nada la realidad: el mundo amará lo que es suyo. “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo”. Si he roto de corazón con el mundo, entonces estoy libre de él; pero si en mí sigue estando el mundo, amaré al mundo. Si tal fuera el caso, cuando llegue la crisis me someteré al mundo e iré con el mundo, permaneceré en Babilonia y adoraré a la bestia.

Veamos ahora el tercer capítulo de segunda de Timoteo. Encontramos ahí la misma enseñanza:

Debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos... A esos, evítalos.

Por lo tanto, si soy un amante de mi propio yo, debo dejar de serlo. ¿A quién tengo que dejar de amar? -A mí mismo. Sal de Babilonia: a esta, evítala. No se trata de que yo tenga que mirarte, estudiarte y determinar si eres uno de los que se ama a sí mismo, uno de los avaros, vanidosos, soberbios, y entonces separarme de ti. En absoluto es eso.

No me corresponde examinar a otros y concluir: ‘no quiero estar en una iglesia en la que haya hermanos como esos: aquí no puedo ser el tipo de cristiano que debo ser. Mejor pido el traslado a la iglesia de Oakland, o quizá a Battle Creek. Los hermanos aquí parecen ser tan… no encuentro palabras, pero se siente uno tan incómodo y es tan difícil ser un cristiano aquí… Creo que habré de irme de esta congregación y trasladarme a alguna otra’. Eso no soluciona nada. A menos que estés genuinamente convertido y separado del mundo, una vez te hayas trasladado, la iglesia a la que te hayas incorporado será mucho peor de lo que era antes, y mucho más babilónica por el hecho de contar contigo allí. “A esos, evítalos”. Se espera que me niegue a mí mismo, por lo tanto, ¿dónde está Babilonia?, ¿dónde está el mundo? En mí, en el yo, tal como revela el capítulo cuarto de Gálatas.

Examinemos más de cerca el tercer capítulo de segunda de Timoteo y veamos si alguno de nosotros nos encontramos allí.

“Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros”. ¿Qué podría hacer que uno que profesa pertenecer y amar al Señor lo prive de algo que le pertenece claramente a él, como es por ejemplo el diezmo? A mis manos llegan recursos. El Señor ha declarado que le pertenece una décima parte de ellos. Profeso amar al Señor; voy cada sábado a la iglesia; profeso pertenecer yo mismo al Señor; profeso estarle consagrado; sin embargo, le niego de aquello que le pertenece. ¿Cuál es la raíz de ese problema? -El yo. ¿Cuál es el primer fruto del yo? -La avaricia. No he robado a mi prójimo ni le he privado de nada, pero he hecho todo eso con lo que pertenece al Señor. Por lo tanto, debo deshacerme de mi yo avaro.

Blasfemos. No podemos considerar cada uno de los puntos en detalle: “vanidosos, soberbios, blasfemos”, etc. Un blasfemo, según la acepción común del término, es quien hace un uso profano del nombre de Dios, quien toma su nombre en vano. Uno de los mandamientos de Dios está dedicado a eso. Pero aunque mi boca no pronuncie el nombre de Dios profanamente, si profeso su nombre, pero lo hago siguiendo un curso de acción que demuestra la vanidad de mi profesión, ¿acaso no estoy tomando su nombre en vano? -Ciertamente lo estoy haciendo. Si mi vida consiste en una apariencia de piedad desprovista del poder, ¿no estoy tomando sobre mí su nombre en vano? Y al tomar ese curso, ¿no voy a ser la causa de que otros blasfemen el nombre del Señor? Por lo tanto, si profeso ser del Señor pero mi curso de acción hace que su nombre sea blasfemado; es en mí donde la blasfemia ha tenido su origen.

En relación con lo dicho, podemos leer 1 Tim 6:1:

Los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina.

Así, la propia palabra de Dios lleva la verdad a cada uno para que siga un curso de acción que evite que sean blasfemados el nombre de Dios y la doctrina. Se espera que guardemos el nombre y la doctrina de Dios de la blasfemia. Pero si desoigo su consejo, soy yo quien ha originado esa blasfemia. He tomado el nombre de Dios en vano, y lo llevo en vano.

Leamos en Romanos 2, a partir del versículo 17:

Tú te llamas judío, te apoyas en la ley y te glorías en Dios; conoces su voluntad e, instruido por la ley, apruebas lo mejor; estás convencido de que eres guía de ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los ignorantes, maestro de niños y que tienes en la ley la forma del conocimiento y de la verdad. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de robar, ¿robas?

“Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Tú que te apoyas en la ley, tú que predicas que no se ha de robar, ¿qué haces?, ¿defraudas?, ¿haces negocios abusivos? Si se te encomendara algún negocio del Señor, ¿te prestarías a obtener ganancias injustas? ¿Sería eso integridad por la causa? -No: eso sería falta de honestidad, sería diabólico. No puedo ser egoísta en favor del Señor. Eso no es negar la necesidad de diligencia y economía, pero no puedo conducir negocios abusivos en beneficio del Señor más de lo que lo puedo hacer en mi propio beneficio, y seguir siendo honesto. Por lo tanto, tú que predicas que no se ha de robar, ¿robas?, o eres honesto.

Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? ¿Guardas como algo sagrado el vínculo matrimonial? ¿Honras esa institución? ¿O es para ti tal como ha sido demasiado común entre nuestros jóvenes especialmente, incluso entre los que se están “preparando para el ministerio”? Algunos de ellos parecen considerar tan a la ligera esa solemne ordenanza de Dios, como para comprometerse con alguna joven que les complace a primera vista, y después, al encontrar a alguna otra que les complace aún algo más, rompen su compromiso con la primera. Posteriormente, si no contraen matrimonio antes de encontrar alguna otra, están prestos a repetir el procedimiento.

El séptimo mandamiento está en la ley de Dios para salvaguardar la institución u ordenanza del matrimonio, y nadie puede menospreciar esa institución, esa ordenanza solemne de Dios, sin violar el mandamiento. En sólo un año podría señalar a seis jóvenes profesos cristianos que han roto con sus prometidas para casarse con otras a quienes encontraron más atractivas. Y algunos de ellos se estaban preparando para “la obra del Señor”. ¿Es una buena preparación para la obra del Señor el pisotear una de sus ordenanzas más sagradas en su inicio?

“Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras?” ¿Honras los mandamientos de Dios? ¿Honras sus ordenanzas? Alguien dirá: ‘¿Recomendaría a un hombre que se case con una mujer a la que no quiere?’ -No, no lo haría; pero le invitaría a que supiera lo que es el amor y a que supiera cuál es su posición antes de comprometerse con una mujer. En el curso de acción que estoy describiendo, falta el amor desde el principio. Es mero encaprichamiento. La mujer puede ser perfectamente sincera, puede haber amor de su parte, y así es la mayoría de las veces. Pero por parte de él se trata de simple encaprichamiento. Aunque sucediera que se casen antes de que otra joven le guste más que la primera, algún día acabará sucediéndole, y entonces carecerá de seguridad alguna. Quien viole la sagrada confianza que obtuvo de aquella mujer, nunca podrá estar seguro de que vaya a ser fiel a otra. Una vez que ha pisoteado ese vínculo sagrado del que tanto ha hecho Dios depender la felicidad del ser humano, carecerá de seguridad -incluso en él mismo- de poder ser fiel en cualquier situación equivalente.

¿Qué diremos del hombre que llega a conquistar el amor de una mujer, sólo para traicionarlo después? La Biblia, al referirse al afecto mutuo entre dos hombres, encuentra su mejor ilustración al describirlo como “el amor de las mujeres”. Sin embargo, un hombre conquistará de ese modo y obtendrá el amor de una mujer, sólo para quebrantar despiadadamente sus tiernos vínculos y repudiarlo después. Eso es una violación del séptimo mandamiento; es pisotear la institución que ese mandamiento custodia, al dar los pasos que, llevados a su conclusión lógica -y son sólo unos pocos pasos-, terminarán en la consumación del hecho.

Permitidme que lo repita: no quisiera que nadie se casara con alguien a quien no ama, pero quisiera que toda alma tuviera la suficiente reverencia por la ordenación divina, la suficiente sobriedad y consideración cristiana, como para conocer sus sentimientos. Quisiera que tuviera el sentido como para saber qué está haciendo y acuda a Dios para averiguar qué tipo de amor es el suyo antes de comprometerse en esa relación solemne, con sus sagradas obligaciones.

“Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras?” Esa es la cuestión.

Tú, que abominas los ídolos, ¿cometes sacrilegio?” Pero tú dices: ‘No adoro objetos de piedra ni de madera; no me inclino ante imágenes talladas’. -No; no lo haces. Pero ¿cuál es tu postura ante las modas del mundo?, ¿qué tipo de sombrero usas?, ¿qué tipo de bastón?, ¿qué tipo de vestimenta cortas y confeccionas?, ¿por qué lo haces de esa manera?, ¿es más confortable del modo en que lo haces?, ¿complacerá más a Dios? -No. Sabes que es porque de esa forma se adecúa mejor a la moda, se conforma más al mundo y se acerca a las maneras del mundo. Pero este mundo es vanidad e idolatría. Satanás es el dios de este mundo. “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios”. Por consiguiente, aunque pueda no estar inclinándome ante imágenes talladas ni adorando objetos de piedra o de madera, sin embargo, si sigo las modas, los caminos y las costumbres de este mundo, y me conformo a las cosas de este mundo más bien que consultar a Dios cuál es su voluntad, ¿qué estoy adorando? -El dios de este mundo. Eso también es idolatría. Hay ahí implicada enemistad contra Dios.

No conozco nada más incongruente e irrazonable que la moda: el deseo de que todos se sujeten al mismo molde, vistan igual y tengan una apariencia similar. ¿Por qué Dios no nos hizo a todos iguales cuando nos creó?, ¿por qué no nos creó exactamente iguales? El camino de la moda es precisamente el camino del diablo. Es su propósito que todos lleven el mismo manto religioso; crear una moda que todos quieran seguir, y entonces lograr que el gobierno la imponga por ley, de forma que todos tengan que vestir ese tipo concreto de religión. Toda esa concesión a la moda en la vestimenta te está preparando para ceder a la religión del mundo. Todo eso es idolatría. Tú, que abominas los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

Si Dios quisiera que fuésemos iguales y pareciéramos iguales, ¿por qué no nos hizo iguales desde el inicio? En ocasiones vemos a personas vestidas de una forma que no les favorece; pueden llevar un sombrero o un vestido de un color que hace pensar si no se estarán recuperando de un episodio de ictericia. Pero no piensan en ello. Todo cuanto les preocupa es que sea el color de moda.

Dios nos ha creado de forma que no hay dos en el mundo que sean iguales. Cada uno es cada cual, con su propia personalidad e individualidad. Es la voluntad del Señor que cada cristiano ejerza una influencia en este mundo tal como la que ningún otro puede ejercer. Él espera que cada uno se vista de modo que pueda representar ante el mundo la forma particular en que Dios lo ha hecho, en perfecta armonía y de forma digna. De ese modo, Dios puede emplear la individualidad de la que lo dotó para el propósito por el que lo creó de esa manera. Vistámonos para complacer al Señor, y si hacemos así, todo en nosotros hablará de Dios y de lo que respecta a su justicia. Pero podemos destruir todo aquello para lo que el Señor nos hizo si profesamos el cristianismo, y sin embargo pretendemos ejercer una influencia en el mundo a base de vestirnos según la moda del mundo. ¡Eso es imposible! Es una contradicción. No podéis impresionar a nadie en favor del cristianismo de esa manera, ya que mediante ese tributo a la idolatría queda malograda la precisa forma en que el Señor obraría. Vestíos como el Señor quiere que lo hagáis, y veréis que vestir apropiadamente y con decoro no resulta caro ni requerirá una manufactura laboriosa o excesiva ingeniosidad. “Tú, que abominas los ídolos, ¿cometes sacrilegio?” Esa es la pregunta. ¿Tienes la mente puesta en Dios? ¿Vistes para agradarle? ¿O te motiva qué dirá tal o cual persona? “Tú, que abominas los ídolos, ¿cometes sacrilegio?”

Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros”. Uno de los males prevalentes en los últimos días será la existencia de quienes profesen santidad, pero en realidad sean blasfemos. ¿Eres uno de ellos? ¿Llevas el nombre del Señor en vano? “A estos, evítalos”.

 

 

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