General Conference Bulletin, 1897

El Espíritu de Profecía nº2

(mañana del miércoles 10 de febrero de 1897)

A. T. Jones

 

Lo que sigue no es más que un resumen de los comentarios del pastor Jones. Debido a que muchos se incorporaron después de la primera reunión, fue necesario dedicar un tiempo a repetir los puntos presentados el día precedente. Además, el predicador afirmó que nuestro problema como pueblo no consistía en que no creyéramos nominalmente que los Testimonios vienen de Dios, sino que lo que necesitamos saber es cómo creerlos. Si la única forma que tenemos de expresar nuestra creencia en los Testimonios es diciendo a los demás que los creemos, nuestra creencia no significa nada. De ese modo estamos animando a otros a que duden de la sinceridad de nuestra fe. Si creemos realmente los Testimonios, no necesitaremos decirlo a los demás. Nuestras vidas serán un testimonio de la fe que hay en nosotros.

Hay un alejamiento de Dios, y el templo está tan necesitado de purificación como en los días de la antigua Jerusalem. Hemos llegado a esta condición a base de ignorar los Testimonios del Espíritu de Dios. Pero muchos de los que los han ignorado creían en ellos, estaban sosteniendo esos Testimonios en sus manos y no suponían que los estaban ignorando. Por consiguiente, lo que queremos saber es cómo prestar la debida atención a los Testimonios del Espíritu.

No debemos pensar ni por un momento que cuando se da un testimonio y se nombra a alguien, Dios está atacando al que nombra con el fin de destruirlo. El propósito del Señor es separarlo de las faltas que le están haciendo daño y que están obstaculizando la obra de Dios. Se trata de salvar al hombre y destruir la falta. Dios no va a destruir o condenar a nadie, a menos que esté conectado inseparablemente con el pecado. Cuando el hombre abandona su curso equivocado, reconoce el testimonio y se corrige ante la vista de Dios, deja de estar en la situación en la que lo encontró aquel testimonio. Ahora es posible emplear ese testimonio para advertir a otros, pero jamás para condenar a quien reconoció su error.

El camino de Dios consiste en hacer del hombre algo que no es; en darle algo de lo que carece. No podemos aplicar los Testimonios a otros. Ni siquiera los podemos aplicar a nosotros de una forma externa. Debemos abrir a Dios nuestro corazón y recibir el testimonio a fin de que Dios pueda implantar el principio divino, dándonos aquello de lo que carecemos, haciendo de nosotros aquello que no somos, y de esa forma haciendo él mismo la aplicación del testimonio mediante su Espíritu Santo. Entonces, aquello que Dios ha implantado en nuestro interior aparecerá en nuestras vidas, se manifestará en nuestras acciones. En eso consiste aceptar los Testimonios. Cualquier cosa que no alcance a eso, equivale a no aceptarlos.

El poder que Dios implanta, recibido en el corazón, permitirá al hombre resistir la tentación, incluso en medio de su debilidad. Le dará aquello que no posee, y lo hará ser aquello que no es por naturaleza.

Cuando alguien en la posición que le ha sido encomendada comete un error, somos susceptibles de pensar que Dios se equivocó al situarlo allí; pero no hay tal cosa. Dios no se equivocó al establecer a Saúl como rey de Israel; fue Saúl quien se equivocó al no ser lo que Dios dispuso que fuera. Cometió un error al seguir sus propios caminos y planes, en lugar de prestar oído a la voz de Dios. Tampoco se equivocó Dios al poner a Jeroboam por rey sobre Israel. Aunque no se cumplió el propósito de Dios de separar de Judá a las diez tribus debido a la perversidad del pueblo, no obstante, Dios tenía un plan, que Jeroboam no permitió que se llevara a cabo. Dios puede llamaros a vosotros o a mí para ocupar una posición. Si tenemos algunos puntos débiles que impiden que seamos útiles, cuando Dios nos envía un mensaje, dicho mensaje nos hará lo que él quiere que seamos y mediante su gracia podemos estar allí donde Dios quiere que estemos.

“Día tras día los hombres están revelando si el reino de Dios está en su interior. Si Cristo rige en sus corazones, se fortalecen en el principio, en el poder y la habilidad para tenerse como fieles centinelas, como fieles reformadores, ya que no puede existir reforma a menos que haya una estrecha cooperación con Jesucristo. Mediante la gracia de Cristo, los hombres deben emplear las facultades que Dios les ha dado para reformarse a sí mismos. Mediante esa acción de negarse a uno mismo, que es algo que el Cielo ve con aprobación, ganan victorias sobre sus tendencias heredadas y cultivadas; entonces, lo mismo que Daniel, dejan en otros impresiones que jamás se borrarán. La influencia llegará a todas las partes de la tierra”.

La obra de la reforma comienza en uno mismo. Sólo cuando yo mismo me he reformado puedo impresionar los corazones de otros. Dios alcanza a los demás, alcanzándonos a nosotros; alcanza a los demás por medio de nosotros. Ved 2 Cor 1:3-4:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

Dios nos consuela a fin de que podamos consolar a otros; nos ayuda para que podamos ayudar a otros. Se nos lleva a situaciones en las que necesitamos el consuelo de Dios, a fin de capacitarnos para consolar a otros. Cuando Dios nos consuela a nosotros, tiene a otros en su mente.

“Y si somos atribulados es para vuestra consolación y salvación”.

Si soy atribulado es para el consuelo y salvación de algún otro. Pueden pasar años hasta que me encuentre con aquel a quien he de consolar, pero en algún momento me encontraré con él, y la experiencia que tuve me prepara para sentarme a su lado, o para tomarlo de la mano y ser para él una ayuda y un consuelo. Él recibe de mí lo que yo recibí de Dios, y lo recibe para poder comunicarlo a su vez a otros, y estos a otros más. De esa forma, la influencia de la gracia que Dios nos ha impartido se extiende por toda la tierra, incluso si no salimos del Estado en el que vivimos. Hermanos, eso es lo que Dios quiere hacer con nosotros. Entonces nuestra influencia será llevada a todo lugar en este mundo.

En cuanto a la cuestión: ¿Cómo debo tomar los Testimonios?, leamos la forma en que se los rechazó mientras se creía que se los estaba aceptando. Así sabremos cómo evitar ese error, y sabremos cómo aceptarlos. Voy a leer acerca de uno cuyo “ejemplo ha hecho mucho para debilitar la confianza en los Testimonios”. ¿Cómo sucedió?

Él mismo ha andado contrariamente a la luz que Dios ha dado”.

Pero él no creía estar haciendo tal cosa, sino que pensaba que estaba actuando de la forma correcta respecto a los testimonios. ¿Cómo pudo errar el blanco de esa forma? -Aquí está la respuesta:

Se han evadido las reprobaciones y advertencias del Señor, se las ha interpretado, y mediante estratagemas humanas se ha anulado su efecto”.

¿Cómo se han “evadido”? -De esta forma:

¿Por qué formuló excusas inconsistentes?” “¡Cuán avergonzados debieran sentirse los que han desoído el consejo de Dios y han buscado ocultar la impresión que Dios habría hecho!

¿Cómo se la ha “interpretado”? -Así:

Han puesto sobre ellas su interpretación, diciendo que no significaban lo que parecía”.

Y de esa forma, quienes pensaban que los creían y que los estaban aceptando, evadieron, interpretaron y anularon el efecto de los Testimonios.

¿Los habéis evadido vosotros mediante excusas inconsistentes? ¿Los habéis estado interpretando y habéis anulado su efecto a base de poner vuestra particular interpretación sobre ellos y de pretender que no significan tal y tal cosa? -Por supuesto que lo habéis hecho; sabéis que es así. Parémoslo en este momento.

¿Cómo han de ser, entonces, recibidos los testimonios? ¿Cómo sabremos lo que significan? He aquí la respuesta:

Quieren decir exactamente lo que dicen”.

¿Qué significan? –Significan “exactamente lo que dicen”. ¿Podéis saber lo que dicen? -¡Por descontado! ¡Muy fácilmente! Por consiguiente, tomadlos al pie de la letra, tal cual están expresados. Abrid totalmente el corazón a Dios a fin de que mediante su buen Espíritu él pueda implantar allí el principio encerrado en lo que dicen. En tal caso, el principio se hará manifiesto; brillará en vuestra vida. Entonces habréis aceptado los Testimonios. Entonces podréis saber que creéis los Testimonios. Entonces no habrá peligro de confusión al respecto. Los demás lo sabrán, pues dejaréis en los corazones impresiones que nunca se borrarán y que darán gloria a Dios en el día de la visitación.

 

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