General Conference Bulletin, 1897

El Egipto espiritual, nº 4

(tarde del viernes 5 de marzo de 1897)

A. T. Jones

 

En la pasada presentación olvidé deciros que el relato histórico del que hice un resumen se encuentra en “Empires of the Bible”. Desde la página 77 a la 150 tenéis la historia de Egipto y el trasfondo general de aquella era.

El texto para esta noche está en Apocalipsis 11:8:

Sus cadáveres estarán en la plaza de la gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado

Leo el texto con el único objeto de que veáis que existe una cosa tal como Egipto en sentido espiritual, y que la palabra de Dios revela en qué consiste.

El Egipto espiritual es realmente el Egipto más literal, ya que las cosas espirituales son las más literales que pueda haber. Hay, y siempre ha habido, un país llamado Egipto en el norte de África, a través del cual discurre el Nilo, pero no es ese el Egipto literal. El Egipto real es el espiritual.

Regresando ahora al tema de anoche, relativo a la liberación de Israel de la esclavitud egipcia, retomaremos el curso de esa historia desde el momento en que se entonó el cántico de Moisés. Cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo por tierra seca entre paredes de hielo y llegaron a la orilla triunfantes de la amenaza de destrucción de los egipcios, quienes en su intento por seguirlos perecieron ahogados, fueron liberados corporalmente, de forma física, del Egipto físico. Pero había un Egipto más profundo que aquel, del cual no habían sido liberados.

Sabéis cómo, paso tras paso en su experiencia, sus corazones seguían en Egipto. Cuando sucedía algo que los chasqueaba, exclamaban: ‘¡Volvámonos a Egipto!’ Cuando alcanzaron la frontera de Canaán y el Señor quería que entraran en ella, exclamaron: ‘¡Elijamos a un capitán y regresemos a Egipto!’ ¿Dónde seguían estando sus corazones? -En Egipto. Egipto era siempre prioritario en sus mentes.

Estando en el Sinaí tras haber oído la voz del Señor, y estando en espera de que Moisés regresara de la cima del monte con la ley de Dios, se hicieron un ídolo y lo adoraron. ¿De qué ídolo se trató? -De un becerro de Egipto. Después de haber oído la voz del Señor desde la cima del Sinaí proclamando las palabras de su ley, y tras haber oído el sonido creciente de las trompetas y de ver cómo humeaba el monte; después de todo eso, podéis ver que Egipto ocupaba de tal forma sus corazones, que se volvieron a la idolatría egipcia en lugar de esperar a que Moisés regresara de la cima del Sinaí con el mensaje de Dios. Y cuando regresaron de la frontera [de Canaán] y se vieron obligados a vagar en el desierto, veis que fue debido a la esclavitud egipcia bajo la cual seguían estando y de la que no habían sido liberados. Observaréis cómo, mientras que el Señor los alimentaba diariamente con el pan del cielo -comida de ángeles-, estaban tan lejos de él y tan unidos a Egipto, que dijeron: ‘¡Ojalá pudiéramos regresar a Egipto y comer de sus ollas!’

No es necesario que os recuerde otras ocasiones similares; lo dicho es suficiente para llamar vuestra atención al hecho de que Israel distaba de haber salido completamente de Egipto en el momento en que se encontraba en la ribera del Mar Rojo entonando el cántico de Moisés. Corporalmente estaban fuera de Egipto, pero no espiritualmente. Habían liberado sus cuerpos de la esclavitud egipcia, pero eran esclavos espirituales de Egipto, y el problema es que nunca se libraron de esa esclavitud. Murieron en la esclavitud egipcia. Cuando el Señor pronunció su ley desde el Sinaí, Moisés les dijo que tenía por propósito que no pecaran. Leamos ahora de nuevo Hebreos 11:25:

Prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado

Ya vimos en la pasada lección que los deleites temporales del pecado de los que habla el texto no eran otra cosa que los placeres de Egipto. Siendo heredero al trono de Egipto, estaban a punto de caer en las manos de Moisés toda la riqueza, poder y gloria de Egipto, de las que le separaba un simple paso: el de subir al trono y disfrutarlo. Esos eran los deleites temporales de Egipto, pero leemos que eran los deleites temporales del pecado. Por lo tanto, ¿qué implica la esclavitud espiritual a Egipto? ¿En qué consiste el Egipto espiritual? -En la esclavitud del pecado.

Hay otra forma de llegar a idéntica conclusión. Dios llamó a Abraham, ¿recordáis?, a que saliera de Caldea y se dirigiera a una tierra que él le mostraría. Aún no le había dado aquella tierra; hubo un tiempo de hambre en la tierra donde se encontraba, y se dirigió a Egipto. Allí, su esposa Sarai adquirió una sierva egipcia que se llamaba Agar. Dios había prometido a Abraham que su descendencia sería como las estrellas del cielo. Debido a su incredulidad, la promesa no se cumplió tan prontamente como habían esperado y Sarai dijo a Abraham: ‘El Señor me ha impedido tener hijos; la promesa no se ha cumplido; aquí está mi sierva egipcia; tómala; quizá el Señor nos dé descendencia mediante ella. Se siguió ese plan y nació Ismael. El Señor dijo a Abraham que Sarai tendría efectivamente un hijo, y que su nombre sería Isaac. En respuesta a eso, Abraham exclamó: “¡Ojalá Ismael viva delante de ti!”

Aquella sierva egipcia era una esclava, y su hijo también lo era. Cuando Abraham dijo a Dios “¡Ojalá Ismael viva delante de ti!”, esperaba que Dios considerara a Ismael como la descendencia prometida mediante la cual vendría la liberación a los hijos de los hombres y a los hijos de Dios. Pero ¿podía venirle a alguien la libertad a partir de un esclavo? Abraham era él mismo libre, pero tenía que ser redimido mediante la descendencia prometida. Si ahora su hijo, siendo un esclavo, fuera aceptado como la descendencia prometida, el propio Abraham caería en la esclavitud, más bien que ser liberado de ella. Y todos los que dependieran de Ismael serían igualmente puestos en esclavitud. Y ¿qué esclavitud sería esa? -La esclavitud del pecado. Pero su madre era una esclava egipcia, e Ismael, siendo igualmente esclavo, estaba sujeto a la esclavitud egipcia. ¿Podéis ver como existía una esclavitud egipcia -un Egipto espiritual- en la propia familia de Abraham?

Vayamos a Gálatas, y allí veremos cómo el propio Señor aclara ese punto. Recordáis el texto de Gálatas 4:22-24:

Está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; pero el de la libre, en virtud de la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar

Eso nos lleva directamente a la familia de Abram y a Agar, la egipcia. Aquel pacto, leemos, engendra esclavitud, “este es Agar”. En la familia de Abraham, Agar representa según la alegoría el pacto del Sinaí. Ese pacto llevó a la esclavitud. Agar era egipcia. ¿Qué tipo de esclavitud está entonces representada en el pacto del Sinaí? -La esclavitud egipcia. Pero se trataba de una esclavitud espiritual, por lo tanto, existía ahí un Egipto espiritual. Leamos los versículos 25 y 26:

Pues Agar es el monte Sinaí, en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que esta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Pero la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre

Por lo tanto, cuando Abraham dijo: “¡Ojalá Ismael viva delante de ti!”, lo que estaba pidiendo es que fuera aceptado un esclavo como siendo la descendencia prometida. Estaba pidiendo que Dios, toda la humanidad y todo el universo, entraran en la esclavitud egipcia, que entraran en el Egipto espiritual. “Egipto” es símbolo de las tinieblas y también del pecado, tal como hemos visto. El propio pecado es también tinieblas. Por lo tanto, el Egipto que representa las tinieblas y el pecado, es claramente lo que constituye el Egipto espiritual.

El Señor no podía de forma alguna aceptar a un esclavo como siendo la descendencia prometida, de forma que respondió a Abraham en estos términos:

Ciertamente Sara, tu mujer, te dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Isaac. Confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído. Lo bendeciré, lo haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera, engendrará doce príncipes y haré de él una gran nación. Pero yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo [Gén 17:19-21]

Isaac era la descendencia prometida. Y observad: Isaac no estuvo nunca en Egipto. Lo recordáis: en Egipto hubo un hambre, y él comenzó a ir allí, pero el Señor le dijo que no fuera a Egipto. Abraham estuvo en Egipto, y también Sara. Israel estuvo allí también, pero nunca Isaac. Era el hijo de la promesa, nacido del espíritu desde el principio. Leemos:

Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; pero el de la libre, en virtud de la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar, pues Agar es el monte Sinaí, en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que esta, junto con sus hijos, está en esclavitud. Pero la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre, pues está escrito: “¡Regocíjate, estéril, tú que no das a luz; grita de júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto!, porque más son los hijos de la abandonada que los de la que tiene marido”. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa

¿Qué somos nosotros?

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa [Gál 3:29]

Isaac era hijo de Abraham; era el hijo de la promesa. Cuando venimos a ser descendencia de Abraham por la fe en Cristo, y liberados de la esclavitud del pecado -liberados del Egipto espiritual-, somos “como Isaac”, y él no estuvo nunca en Egipto.

Podéis ver que en la familia de Abraham había esclavitud egipcia y también libertad cristiana. Ismael nació según la carne, y representaba la esclavitud egipcia. Isaac nació según el espíritu, y representaba a los hijos de Dios por la fe de Jesús.

Nació José, y en su juventud salió a visitar a sus hermanos, entonces los ismaelitas lo compraron y lo llevaron a Egipto, vendiéndolo allí. Posteriormente la casa de Jacob fue a Egipto, para ser posteriormente liberada de la esclavitud egipcia. Eso os permitirá ver su curso global, desde el llamado hecho a Abraham, hasta el tiempo en que llegaron a la frontera de la tierra prometida. Veis que hubo un Egipto espiritual tanto como un Egipto físico; y que cuando el pueblo fue librado físicamente de Egipto, quedaba todavía un Egipto más profundo del que estaban en necesidad de liberación si es que habían de ser hijos de Dios.

Leo ahora el pasaje al que me referí anoche. Está en “Great Controversy” Vol. IV, página 457 [CS 510-511]:

La historia del antiguo Israel es un ejemplo patente de lo que experimentaron los adventistas. Dios dirigió a su pueblo en el movimiento adventista, así como sacó a los israelitas de Egipto. Cuando el gran chasco, su fe fue probada como lo fue la de los hebreos cerca del Mar Rojo

Así pues, cuando tuvo lugar el gran chasco del pueblo adventista, ¿en qué lugar de la historia de Israel se encontraba?

(Voces) -En el Mar Rojo.

Ya vimos anoche que por aquel tiempo Dios quiso que el pueblo de Israel fuera directamente a poseer la tierra que había prometido a Abraham -a su santa morada, al lugar que había preparado para habitar él mismo, a su heredad, al santuario que él mismo había establecido-. Y sólo once días de camino separaban Egipto de aquella tierra, pero les tomó cuarenta años, y sólo llegaron finalmente allí cuatro de los que salieron.

(Voz): ¿Cuatro, o dos?

Cuatro. ¿No sabíais que fueron cuatro? Entraron Caleb y Josué, más los dos sacerdotes, los hijos de Aarón: Eleazar e Itamar. Se habla siempre de dos -Caleb y Josué-, pero también entraron los dos sacerdotes.

(Voz): -Quizá no tenían los veinte años de edad…

Sí; tenían treinta, puesto que fueron ungidos al oficio del sacerdocio.

Así pues, en el gran chasco el pueblo adventista estuvo, por así decirlo, ante el Mar Rojo.

Si hubiesen seguido confiando en la mano que los había guiado y que había estado con ellos hasta entonces, habrían visto la salvación de Dios. Si todos los que habían trabajado unidos en la obra de 1844 hubiesen recibido el mensaje del tercer ángel y lo hubiesen proclamado en el poder del Espíritu Santo, el Señor habría actuado poderosamente por los esfuerzos de ellos. Raudales de luz habrían sido derramados sobre el mundo. Años haría que los habitantes de la tierra habrían sido avisados, la obra final se habría consumado y Cristo habría venido para redimir a su pueblo

¿Cuándo?

(Voces): -Hace años.

Por lo tanto, ¿dónde ha estado este pueblo desde el chasco?

(Voces): En el desierto.

Tan ciertamente como lo estuvo Israel. ¿Por qué estuvo el antiguo Israel todos esos años en el desierto? -Por su incredulidad. No vieron lo que Dios tenía para ellos. Y la razón por la que no lo vieron es porque no creyeron a Dios. De haber creído, habrían visto lo que dejaron de ver. Y ese es el problema ahora con este pueblo. No hemos creído las cosas que les fueron dichas al antiguo Israel. Se nos dicen a nosotros, tanto como a ellos. A nosotros se nos predica precisamente el mismo evangelio que les fue predicado a ellos.

Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. También a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; a ellos de nada les sirvió haber oído la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo [Heb 4:1-3]

Así pues, lo que les impidió a ellos poseer la tierra es precisamente lo que nos impide a nosotros entrar en ella. Y como ya dije anoche, aquí no tenemos nada que hacer, puesto que no debiéramos estar aún en el mundo. De igual forma en que Israel no tenía nada que hacer dando vueltas por el desierto durante cuarenta años, tampoco nosotros en este desierto de aquí. Escuchad:

No era voluntad de Dios que Israel peregrinase durante cuarenta años en el desierto; lo que él quería era conducirlo a la tierra de Canaán y establecerlo allí como pueblo santo y feliz. Pero “no pudieron entrar a causa de incredulidad”. Hebreos 3:19. Perecieron en el desierto a causa de su apostasía, y otros fueron suscitados para entrar en la tierra prometida. Asimismo, no era la voluntad de Dios que la venida de Cristo se dilatara tanto, y que su pueblo permaneciese por tantos años en este mundo de pecado e infortunio. Pero la incredulidad lo separó de Dios. Como se negara a hacer la obra que le había señalado, otros fueron los llamados para proclamar el mensaje. Por misericordia para con el mundo, Jesús difiere su venida para que los pecadores tengan oportunidad de oír el aviso y de encontrar amparo en él antes que se desate la ira de Dios [CS 511]

No era la voluntad de Dios que la venida de Cristo se demorara por tanto tiempo, y que su pueblo tuviera que permanecer tantos años en este mundo de pecado y dolor. Somos responsables por ello, ¿no os parece? ¿En qué radica la responsabilidad? ¿De qué somos culpables? -De incredulidad. Ahora bien, ¿qué había en los corazones de los israelitas, que causaba aquella incredulidad? -Egipto, Egipto, Egipto. ¿Qué ha habido en el corazón de este pueblo, que ha causado esta incredulidad y este alejamiento de Dios? -Egipto, tan ciertamente como en el pasado; el Egipto espiritual: el mundo, la idolatría, las tinieblas, que significa incredulidad. La palabra “incredulidad” lo expresa todo. Sabéis que el propio concepto de “Egipto” simboliza las tinieblas.

Leamos otra vez este párrafo:

Si todos los que habían trabajado unidos en la obra de 1844 hubiesen recibido el mensaje del tercer ángel y lo hubiesen proclamado en el poder del Espíritu Santo, el Señor habría actuado poderosamente por los esfuerzos de ellos

Puesto que el Señor obró poderosamente mediante los esfuerzos de ellos al principio, ¿qué faltó? -El Espíritu Santo. El poder del Espíritu Santo es la auténtica carencia. Es el que nos da el poder y el que produce obras poderosas. Si se lo hubiera recibido, “raudales de luz habrían sido derramados sobre el mundo”.

Esto es lo que declara el capítulo dieciocho de Apocalipsis:

Vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria

Eso es precisamente lo que estamos señalando aquí. ¿Qué es lo que impide el derramamiento de raudales de luz? ¿Han estado esos raudales de luz esperando desde aquel tiempo a ser derramados sobre el mundo? -Sí. ¿Qué los retuvo tras 1844? -La incredulidad. ¿Qué los ha venido reteniendo desde entonces? -La incredulidad. ¿No es ya tiempo de que encontremos liberación de la esclavitud de Egipto? ¡Pensad en ello! Se habría proclamado el mensaje en el poder del Espíritu Santo; el Señor habría actuado poderosamente por los esfuerzos de ellos; habrían sido derramados sobre el mundo raudales de luz; años haría que los habitantes de la tierra habrían sido avisados; ¡la obra final se habría consumado y Cristo habría venido para redimir a su pueblo! ¡No lo demoremos por más tiempo! ¿Por qué habríamos de quedarnos sin liberación de Egipto, y de todo lo que está implicado en la expresión “Egipto espiritual”? Ojalá sea dado el Espíritu Santo y traiga ese gran poder para obrar en favor de los pecadores, de manera que esos raudales de luz puedan alumbrar al mundo y este pueda ser amonestado a fin de que Cristo pueda regresar y podamos ser redimidos de este mundo de pecado y dolor.

Podéis ver cuál es la situación hasta aquí. Las tinieblas y la esclavitud de Egipto han estado sobre nosotros todos estos años tan ciertamente como lo estuvieron sobre Israel tras el cruce del Mar Rojo y durante su vagar por el desierto. Dios ha dispuesto alimentar igualmente a su pueblo con pan del cielo, un pan que él aprueba, un pan que los llevará a una condición en la que pueda bendecirlos con toda bendición espiritual. Pero hay todavía tantos aquí que exclaman: ‘Volvamos a Egipto para poder comer de sus ollas. Si eso es la reforma pro-salud, no quiero saber nada de ella’. ¿Dónde hemos llegado? ¿Permitiremos que el Señor nos alimente? ¿Aceptaremos el menú de Dios? ¿O añoraremos las ollas de Egipto? Esa es la cuestión.

Veis ahora que esa es la situación, que la esclavitud a Egipto es la causa de todo ello, y que la incredulidad es la causa de tal esclavitud a Egipto. Veis que lo que necesitamos ahora -lo mismo que entonces- no es seguir esperando para ser librados de la esclavitud egipcia. Dediquemos ahora un tiempo a estudiar cómo va a tener lugar esa liberación. A ese respecto, la clave se encuentra en estas palabras:

Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús

Dirijamos nuestra atención a los mandamientos de Dios en Éxodo capítulo veinte. Si es que no había evidencia suficiente de que estamos todavía bajo la esclavitud de Egipto, ciertamente lo que vamos a ver lo confirma más allá de toda duda. Hasta hace muy poco tiempo, vosotros y yo no hemos visto una reproducción auténtica de los diez mandamientos publicada por la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que incluya todo el decálogo. Yo no la he visto sino hasta muy recientemente. Sin embargo, hemos hablado de guardar los mandamientos, hemos predicado a otros acerca de ello y hemos señalado la forma en que Roma cambió los mandamientos, dejando fuera el cuarto y dividiendo el décimo. Pero mientras tanto, nosotros mismos, en las reproducciones que hemos publicado de los mandamientos, o en las que hemos tomado de otros, hemos dejado fuera una parte de esos mandamientos.

Dios pronunció su ley desde el cielo. ¿Dijo más de lo que corresponde a los mandamientos? ¿Habló acaso demasiado? ¿Dijo más de lo necesario? -No. Fue perfecto, y cuando dejó de hablar, no quedaba nada por añadir. Bien, pues si cuando dejó de hablar no había nada que añadir, ¿acaso comenzó a hablar antes de lo debido? En otras palabras, ¿habló una palabra de más, o una de menos? -¡De ninguna manera!

Veamos, pues, lo que dijo: “Yo soy Jehová, tu Dios … No tendrás dioses ajenos delante de mí”. ¿Es así como empieza? ¿Comienza con “No tendrás dioses ajenos delante de mí”? -No. ¿Habíais empezado por ahí? -Sabéis que sí. Pues bien: si Dios no comenzó por ahí, pero vosotros y yo lo hacemos, ¿acaso no excluimos algo de lo que dijo, que es también esencial para nuestro bien? ¿Cómo comenzó? Leedlo:

Habló Dios todas estas palabras: “Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí…”

¿Comprendéis que hemos dejado fuera precisamente aquello que nos libra de la esclavitud de Egipto? ¿Por qué lo hemos excluido? Porque consideramos que no hemos sido liberados de la esclavitud de Egipto. Y es tristemente cierto que no lo hemos sido. Nos parece que nunca fuimos rescatados de la tierra de Egipto, y debido a nuestra incredulidad, es así. Hemos razonado que “jamás hemos sido esclavos de nadie” [Juan 8:33]. Pero lo cierto es que sí: hemos sido esclavos de nosotros mismos, del poder del pecado, del Egipto espiritual. Pero esta noche hay liberación de la esclavitud egipcia, y Dios nos llama a vosotros y a mí a ser libres de esa esclavitud de Egipto. Hoy nos dice con una voz tan atronadora como cuando habló desde el Sinaí, mediante la salvación en Jesucristo:

Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre

¿Saldrás? ¿Reconocerás que te ha librado de la tierra de Egipto, de casa de esclavos? ¿Por qué habrías de rehusarlo?

Nuestros enemigos reaccionan con un discurso como este: ‘Oh, esos mandamientos no son para mí. Yo nunca fui librado de la esclavitud de Egipto’. Los enemigos de esa ley de Dios, los enemigos de la salvación de Dios, nos arrojan esa aseveración. Nos han dicho a todos nosotros que esa ley no rige para nadie -excepto para los judíos- ya que nadie excepto los judíos fue liberado de la esclavitud egipcia. Nos dicen: ‘No necesito que me prediques eso: nunca se me sacó de Egipto’. Y por descontado es desgraciadamente cierto, pero eso no dice nada en su favor. Vosotros y yo hemos de presentarnos como quienes hemos sido redimidos de la esclavitud de Egipto, y responder: ‘Gracias a Dios, he sido rescatado de Egipto; y mi querido hermano, a menos que tú lo seas también, perecerás en la corrupción de Egipto’.

Desde luego, nadie puede guardar esa ley mientras permanezca en Egipto. Los israelitas no pudieron. Dios los liberó de Egipto precisamente para que pudieran guardarla. Estar en Egipto es estar en pecado, y nadie puede guardar la ley de Dios estando en pecado, ya que el propio pecado es transgresión de la ley. Es evidente que no puedes guardar los mandamientos estando en Egipto. Nadie puede. Pero permitamos que el Señor nos libere, y entonces podremos guardar los mandamientos. El Señor lo sabía bien, y es por eso que cuando quiso que el faraón dejara ir a los hijos de Israel, le dijo:

Deja ir a mi pueblo para que me sirva

Es evidente que en Egipto no podían servir a Dios. Él quería librarlos, no sólo de forma física, sino espiritualmente. Y posteriormente, cuando les dio su ley, lo primero que les dice es: “Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”, a fin de que pudieran guardarla.

¿De qué tipo de ley se trata? -De una ley espiritual. “Sabemos que la ley es espiritual” [Rom 7:14]. Por lo tanto, ¿de qué Egipto se trata el que aparece en el primer versículo de la ley? -Del Egipto espiritual. “La ley es espiritual”. Así, el Egipto que se nombra en la ley ha de ser el Egipto espiritual, por consiguiente se trata de una liberación del Egipto espiritual, que significa liberación de la esclavitud del pecado.

S. H. Lane: ¿Cree que estuvieron liberados espiritualmente de Egipto por un tiempo?

Es difícil responder. Moisés lo estuvo siempre, desde luego, y Caleb y Josué.

E. J. Waggoner: Los setenta ancianos vieron a Dios.

Efectivamente. No obstante, es difícil pronunciarse sobre el pueblo que salió de Egipto. Moisés estuvo siempre liberado de Egipto: aun cuando habitaba físicamente en él, espiritualmente estaba fuera de él. Caleb y Josué estuvieron espiritualmente siempre fuera de Egipto. En ocasión del cántico triunfal, junto al Mar Rojo, toda la denominación pienso que estuvo espiritualmente fuera de Egipto; ojalá se hubieran aferrado a eso. Como dijo el Señor:

¡Si me hubiera oído mi pueblo! ¡Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos y habría vuelto mi mano contra sus adversarios [Sal 81:13-14]

Pero cuando su fe fue probada, en el primer paso que dieron en Mara -el lugar de las aguas amargas- desecharon su fe y desearon regresar a Egipto. Cuando atravesamos una experiencia amarga, ¿la tomaremos como una evidencia de que el Señor se ha olvidado de nosotros? -No. Agradezcamos a Dios porque esa experiencia amarga es para nuestro bien. Dios puede transformar lo amargo en dulce.

(Voz): Perdóneme, hermano Jones, pero aquí hay un versículo -Hebreos 11:27- que afirma que Moisés salió de Egipto, aun habitando en Egipto.

Así es: aunque habitando físicamente en Egipto, estaba espiritualmente fuera de Egipto.

E. J. Waggoner: Los redimidos de Jehová volverán a Sión cantando [Isa 51:11].

Cierto, y si se hubieran mantenido en el cántico de Moisés y en la fe que expresaba aquel cántico, habrían entrado en la tierra cantando. Eso es lo que Dios quiere que mantengamos vivo en nuestras mentes. Quiere que pongamos nuestros corazones en esa tierra; y entonces, una vez que tengamos en ella nuestros corazones, el anhelo de nuestras vidas lo estará también. Dios podrá llenar pronto nuestras vidas con la alegría de esa bendita tierra. Y eso significa Dios con nosotros.

Sabéis bien que incluso ahora, en lugar de tener nuestros corazones en aquella tierra, están aquí en esta. Algunos entre nosotros perciben como traición la invitación a separarse de este país. Invitar a alguien a separarse de este país para ir a aquella tierra, abandonando la política y los asuntos de esta nación, lo toman como si fuera casi una imposición. Los tales están en Egipto, pero Dios los ha llamado a salir de Egipto, los ha llamado a disponer sus corazones en favor de ese país superior, a que pongan en él sus afectos y a que obren en favor de aquel país con toda la energía de su ser, de forma que las corrientes de alegría y gloria de aquella tierra puedan llenar sus corazones, y el mundo y el universo puedan saber que Dios es en verdad su Dios. Cuando eso suceda, la obra se cumplirá en un corto plazo, y el Señor regresará.

Cuando los hijos de Israel cruzaron el Mar Rojo, se manifestó el poder de Dios y asombró a las naciones, de forma que cuando los espías llegaron a aquella tierra, Rahab dijo:

Sé que Jehová os ha dado esta tierra, porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los habitantes del país ya han temblado por vuestra causa [Josué 2:9]

Y así fue.

Otro pensamiento en relación con el Egipto espiritual: de Jesús se escribió:

De Egipto llamé a mi Hijo [Ose 11:1; Mat 2:15]

¿Por qué se escribió eso de Jesús? ¿Por qué fue Jesús a Egipto? ¿Por qué fue llevado allí? Podría haber escapado a la matanza de los niños en Belén alejándose a una corta distancia de allí, sin alejarse tanto como hasta Egipto. El edicto de Herodes no consistía en matar a todos los niños de Palestina. Sólo se aplicó en Belén, en sus costas y suburbios. Belén estaba a sólo diez kilómetros de Jerusalem, y allí no se mató a los niños; por lo tanto, el Señor podía haber escapado si se hubieran alejado unos quince o veinte kilómetros.

¿Por qué fue entonces llevado a Egipto? -Para que se cumpliera lo que estaba escrito:

De Egipto llamé a mi Hijo

Él fue nosotros: vosotros y yo. De igual forma en que Dios se encontró con su pueblo en Egipto y lo sacó de allí, nuestro Salvador vino a donde estamos, fue hecho como lo somos nosotros y se lo llamó a salir de Egipto, mostrando con ello que todo el que fuera como él debe igualmente abandonar Egipto. Él era el Hijo de Dios y fue llamado a salir de Egipto, mostrando así que todos los que sean hijos de Dios han de salir también de Egipto, ya que está escrito de todos, tanto como de él:

De Egipto llamé a mi Hijo

¿Eres tú un hijo de Dios?

De Egipto llamé a mi Hijo

Hemos dicho antes que hemos de salir de Egipto a fin de guardar los mandamientos de Dios. Vemos ahora que hemos de salir de Egipto a fin de seguir a Jesús. Guardar los mandamientos requiere salir de Egipto, y la fe en Jesús lo requiere igualmente. Ambas cosas están expresadas en Apocalipsis 14:12:

Aquí están … los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús

Veis que de principio a fin existe un Egipto espiritual, y que todo el plan de la salvación consiste simplemente en liberación de la esclavitud egipcia mediante el poder de Dios; consiste en el llamado a salir de Egipto para ingresar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. ¿Saldremos de Egipto a fin de poder servir verdaderamente al Señor? ¿Lo haremos a fin de poder guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús? ¿Cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Terminaremos encuentro continuando todavía en Egipto? ¿Permaneceremos en este encuentro mientras seguimos estando en Egipto? ¿O seremos totalmente liberados de Egipto y de todo lo que implica “Egipto”?

La liberación se nos da gratuitamente. Ojalá sea receptivo todo corazón, ojalá se vuelva a Dios cada alma y lo busque mediante la confesión del pecado, a fin de que seamos librados de las tinieblas, y de esa forma podamos, antes que termine esta asamblea, ser liberados a la gloriosa luz y libertad de los hijos de Dios. Recordad:

De Egipto llamé a mi Hijo

Eso es lo que él espera. ¿Dejaremos que siga esperando? Cuando eso llegue, se cumplirá esa palabra, se proclamará el mensaje de los tres ángeles en el poder del Espíritu Santo; el Señor obrará poderosamente mediante nuestros esfuerzos; se derramarán raudales de luz sobre el mundo, cuyos habitantes resultarán pronto advertidos; se completará la obra final y Cristo regresará para la redención de su pueblo. Creo que nos estamos acercando al tiempo en que Dios nos liberará de la forma en que siempre hemos soñado. ¡Tenemos tan cerca la liberación de Dios! ¡Subamos a poseer la tierra! Israel fracasó por su incredulidad. No vio la grandeza de las promesas de Dios. Esas promesas son ahora para nosotros. Han de ser tan reales para vosotros y para mí, como lo fueron cuando las daba a Israel, para quien no fueron una realidad.

Sabéis que está escrito:

Vi como un mar de vidrio mezclado con fuego, y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, sobre su marca y el número de su nombre, de pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios [Apoc 15:2]

Pero el cántico de Moisés -siervo de Dios- fue el cántico de liberación de la esclavitud de Egipto. Esos que obtienen la victoria sobre la bestia, su nombre, su imagen y el número de su nombre, ¿de qué fueron librados? -De la esclavitud de Egipto, tal como lo fue Moisés. Y entonan el cántico de Moisés, puesto que también ellos han sido liberados de la esclavitud de Egipto. El concepto aparece en la Biblia por doquier. Espiritualmente hemos estado en Egipto. ¡Qué Dios nos libere de él! Entonces entonaremos al Señor este canto:

Cantaré yo a Jehová, porque se ha cubierto de gloria; ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Ha sido mi salvación. Este es mi Dios, a quien yo alabaré; el Dios de mi padre, a quien yo enalteceré [Éx 15:1-2]

¿Lo cantaréis?

Pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo; yo seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo [Eze 37:26-27]

Por lo cual, “Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo impuro; y yo os recibiré y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso [2 Cor 6:17-18]

Te llama a salir de Egipto:

De Egipto llamé a mi Hijo

Y a cantar:

Este es mi Dios, a quien yo alabaré; el Dios de mi padre, a quien yo enalteceré. Jehová es un guerrero. ¡Jehová es su nombre! Echó en el mar los carros del faraón y su ejército. Lo mejor de sus capitanes, en el Mar Rojo se hundió. Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra. Tu diestra, Jehová, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehová, ha aplastado al enemigo. Con la grandeza de tu poder has derribado a los que se levantaron contra ti. Enviaste tu ira y los consumió como a hojarasca. Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas, se juntaron las corrientes como en un montón, los abismos se cuajaron en medio del mar. El enemigo dijo: Perseguiré, apresaré, repartiré despojos; mi alma se saciará de ellos. Sacaré mi espada, los destruirá mi mano. Soplaste con tu viento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las impetuosas aguas. ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? Extendiste tu diestra; la tierra los tragó. Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste [Éx 15:2-13]

Así está escrito: “Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste”. ¿Te ha redimido? Redimido, ¿de qué? -Redimido del pecado. Y pecado es Egipto espiritual.

Lo llevaste con tu poder a tu santa morada. Lo oirán los pueblos y temblarán

Ha llegado el tiempo de entonar el cántico de Moisés. ¿Lo cantaremos? Pero no lo podemos cantar en Egipto. No lo podéis cantar estando en Egipto; Israel no pudo cantarlo hasta haber sido liberado de él.

Lo oirán los pueblos y temblarán. El dolor se apoderará de la tierra de los filisteos. Entonces los caudillos de Edom se turbarán, a los valientes de Moab los asaltará temblor, se acobardarán todos los habitantes de Canaán. ¡Que caiga sobre ellos temblor y espanto! Ante la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra, hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste. Tú los introducirás y los plantarás…

¿A quién va a introducir? ¿A quién llevará el Señor a su morada? ¿A ti? ¿Has salido de Egipto?

De Egipto llamé a mi Hijo

Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar donde has preparado, oh Jehová, tu morada

Entonces moraremos allí con el Señor para siempre:

En el santuario que tus manos, oh Jehová, han afirmado. ¡Jehová reinará eternamente y para siempre! Cuando el faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, Jehová hizo que las aguas del mar se volvieran contra ellos, mientras los hijos de Israel pasaron en seco por en medio del mar. Entonces María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con panderos y danzas. Y María repetía: Cantad a Jehová, porque se ha cubierto de gloria; ha echado en el mar al caballo y al jinete

“De Egipto llamé a mi Hijo”, dice el Señor, y de Egipto hemos salido. Ahora dice: Yo soy vuestro Dios y vosotros sois mi pueblo.

Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre

De Egipto llamé a mi Hijo

Eso es lo que significa hoy cuando dice:

AQUÍ ESTÁN … los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús

 

La congregación cantó:

¡Redimido! ¡Qué gozo proclamarlo! 
Redimido por la sangre del Cordero
Redimido por su gracia infinita        
Soy su hijo por siempre

 

 

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